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¿El libro del futuro ya está aquí? 2

5 May

Breve presentación en TED de la llamativa aplicación-libro de Al Gore para iPad y iPhone que ya reseñé aquí el otro día:

Dice su creador, Mike Matas, que piensan ofrecer el software que han utilizado para desarrollarla a los editores para que estos puedan publicar virguerías del estilo con más facilidad.

¿El libro del futuro ya está aquí?

30 Abr

El futuro de la propiedad intelectual: Google y las obras huérfanas

2 Dic

Como broche final al módulo del máster dedicado a los aspectos más puramente jurídicos de la propiedad intelectual, este viernes hablaremos de cuál será su futuro y cuáles son las reformas que se podrían introducir para adaptar la legislación a los retos que presenta el siglo XXI, digital, en red y global.

Creo que una aportación de gran valor a este debate, tanto por el contenido en sí como por de dónde proviene, es la de Hal Varian, catedrático emérito de Economía en la Universidad de Berkeley y Economista Jefe de Google, donde lleva trabajando desde 2002, entre otras cosas en el modelo de subastas de los anuncios de texto, AdWords, que suponen actualmente más del 90 por ciento de los ingresos del gigante estadounidense.

Hace unos días, a través de esta especie de blog donde Simonetta Vezzoso, una investigadora italiana sobre propiedad intelectual y competencia, va recopilando enlaces de interés, tuve noticia de la conferencia que Varian dio hace un par de meses en la sede de la Organización Internacional de la Propiedad Intelectual (OMPI; WIPO en sus siglas inglesas) en Ginebra, titulada “Los costes de transacción y el copyright“. (En esa página se puede acceder al pdf de la presentación, así como al vídeo de la misma, cuyos puntos principales trataré de sintetizar.)

En ella, Varian se enfrenta a uno de los asuntos candentes en propiedad intelectual, en los que se centra el debate sobre su posible reforma, el régimen de las obras huérfanas, esto es, aquellas obras protegidas por la propiedad intelectual pero cuyo autor no puede ser localizado o identificado. (Muy importante, por ejemplo, para entender las consecuencias del acuerdo sobre Google Books, de extraordinaria repercusión para el futuro de la edición digital.)

Actualmente, una obra protegida sólo puede utilizarse (reproducirse, transformarse, distribuirse…) si se cuenta con el correspondiente permiso o licencia del titular de los respectivos derechos de explotación (reproducción, transformación, distribución…), ya sea el propio autor o la persona u organización a quien aquél se los haya cedido, a menos que la utilización que se vaya a hacer de la obra encaje dentro de alguno de los límites a la propiedad intelectual que la propia legislación contempla. Por tanto, identificar y localizar al titular de los derechos es fundamental para poder explotar la obra. Obras huérfanas son precisamente aquéllas para las que esto es imposible o al menos muy difícil.

Varian considera que esta situación supone una importante ineficiencia del sistema, pues se impiden o dificultan mucho transacciones que aportarían valor a la sociedad. Por ello, como veremos, su propuesta pasa por que, por defecto y si se cumplen ciertas condiciones, se permita el uso de la obra huérfana.

Por supuesto, él afronta el asunto desde una perspectiva económica, analizándolo en términos de incentivos y costes de transacción, lo que para mí resulta del máximo interés, porque estoy harto de escuchar opiniones sobre el futuro de la propiedad intelectual basadas más en sentimientos o en creencias que en datos, o al menos en razonamientos lógicos.

Comienza describiendo el contexto: diversos factores (el hecho de que no sea necesario registrar una obra para que esté protegida por los derechos de autor (al contrario de lo que sucede con las patentes); la revolución digital, que ha reducido considerablemente los costes de producción y de reproducción de contenidos, y que ha conducido a una explosión del contenido digital, creado tan por profesionales como por amateurs (user-generated content, UGC), como a un aumento importante de la piratería, pero que sin embargo aún no ha perfeccionado las herramientas para la búsqueda, identificación y seguimiento de esos contenidos; y la continua extensión de los periodos de protección de la propiedad intelectual, que actualmente son de 70 años a partir de la muerte del autor) han conducido a una situación en la que, en muchos casos, es cada vez más difícil identificar a los titulares de los derechos de propiedad intelectual.

Esto se refleja en el creciente problema de las obras huérfanas que, como ya he dicho, en términos económicos significa que transacciones que proporcionarían valor a comprador y vendedor, o licenciador y licenciatario, no se llevan a cabo debido a los costes que supone la localización del titular de los derechos, lo que supone una pérdida de valor tanto para ellos como para la sociedad en su conjunto.

Para su análisis, parte Varian de la propuesta de modificación legislativa sobre obras huérfanas que hace unos años (él dice 2008, lo que yo encuentro es de 2006) hizo pública la Oficina de Copyright estadounidense, que resume así:

  • Quien pretenda hacer uso de la obra debe llevar a cabo una “búsqueda razonablemente diligente” para identificar a los titulares de los derechos sobre la obra. Factores a tener en cuenta para determinar el grado de diligencia de la búsqueda son: que la obra contenga material que identifique al titular, que la obra se haya puesto a disposición del público, la fecha de la obra, la existencia de registros públicos, el hecho de que su autor siga vivo o no.
  • Si esta “búsqueda razonablemente diligente” se ha realizado sin identificar al titular, la obra se puede utilizar.
  • Si más tarde el titular aparece:
    • Sólo podrá recibir una “compensación razonable por el uso”, que podría interpretarse como la que se habría acordado si hubiese aparecido antes de que se produjese el uso, y que podría contemplar una “ventana temporal” para la compensación, por ejemplo de un máximo de 5 años.
    • No podrá solicitar la retirada de obras derivadas que incluyan “una parte importante de expresión del usuario”. Por ejemplo, una única fotografía en un libro de cientos de páginas, o una película basada en un libro.

Distingue dos tipos de obras huérfanas:

  • Las verdaderamente huérfanas: cuyo titular se desconoce (o es imposible conocer). Por ejemplo: una fotografía sin datos de su autor, un post anónimo en un blog.
  • Las obras “descuidadas” (neglected works): cuyo titular actual es incierto. Por ejemplo, cuando se sabe que el autor de un libro ha fallecido, pero no se conoce a quién corresponde ahora la titularidad de los derechos sobre la obra.

Y dos tipos posibles de violación de la propiedad intelectual relacionadas con ellas:

  • No se encuentra al titular, pero la obra se utiliza igualmente
  • Alguien afirma erróneamente ser titular de los derechos y concede una licencia sobre la obra

Para que la transacción se realice han de encontrarse comprador y vendedor, lo que impone ciertos costes de búsqueda sobre cada uno de ellos. Como hasta cierto punto quién busque a quién es indiferente, es decir, la búsqueda de uno es sustituible por la del otro, lo ideal para cada uno de ellos es que sea el otro quien corra con la mayor parte del coste (la tentación del gorrón, el free-rider). Sin embargo, desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto, la eficiencia es mayor cuando cada uno de ellos internaliza los costes del otro. De hecho, el resultado óptimo se produciría cuando aquel cuya búsqueda es más eficiente es el que carga con la mayor parte de la búsqueda.

En un mercado de bienes físicos, están claros los incentivos para que vendedor y comprador asuman el coste de búsqueda y se encuentren, pues de otra manera la transacción no tendrá lugar.

Sin embargo, para los bienes digitales sujetos a propiedad intelectual la situación es en cierta medida diferente, y tanto uno como otro pueden tener incentivos para evitar encontrarse: el comprador, porque se ahorra el coste de búsqueda y también porque puede pretender evitar pagar por los derechos de propiedad intelectual (lo que supone que habrá de tener en cuenta el coste que le puede suponer la infracción de la ley si es sancionado); por su parte, el vendedor puede igualmente tratar de ahorrarse los costes de búsqueda y también puede tratar de buscar el perjuicio (seek injury).

Varian propone cambios legales e institucionales que eviten estos incentivos negativos, de forma que:

  • El comprador obtenga beneficios razonables de una búsqueda diligente (por ejemplo, pudiendo utilizar la obra aunque no consiga encontrar al titular de la PI) y cargue con los costes en caso de no hacer (en forma de sanciones).
  • Al vendedor, por su parte, le convenga que sea fácil encontrarlo (si la transacción se realiza, es compensado) y cargue con los costes si no facilita su localización (al disminuir la probabilidad de que la transacción se efectúe). También, para evitar la tentación de que busque el perjuicio para así obtener después importantes indemnizaciones, la propuesta incluya una “compensación razonable” en caso de que aparezca una vez que la obra ya se esté usando. Asimismo, los costes de identificar erróneamente al titular de los derechos de PI sobre la obra, según Varian, han de ser bajos, para evitar que el temor a una infracción imponga costes más altos para la transacción.

Aboga por la creación de un registro (registry) o de una “cámara de compensación” (es la traducción que he encontrado para clearing house, aunque no sé si tiene sentido) donde los titulares inscribiesen las obras, permitiendo que los posibles compradores las localizasen mucho más fácilmente, lo que reduciría en gran medida los costes de búsqueda.

La diferencia entre el registro y la cámara de compensación es que el primero únicamente serviría para localizar al titular de los derechos sobre la obra protegida, mientras que la segunda, además, facilitaría la transacción (por ejemplo, haciendo públicos los precios de las licencias). Pone como ejemplo de este tipo de sistema el identificador del contenido que utiliza YouTube, que ya comenté aquí hace tiempo, pero aclara que no es más que una solución particular que habría que generalizar para todas las obras.

Hal Varian - Universal registry summary

Varian entiende que los titulares tendrían incentivos para registrar las obras si, por una parte, las sanciones en caso de error a la hora de atribuirse la titularidad no fuesen muy elevadas (lo que atajaría el problema de las obras descuidadas) y, por otra, se limitasen los beneficios que podría obtener quien emplease la estrategia de la “propiedad intelectual submarina”, ocultando su titularidad y esperando a que se produjese la violación para solicitar indemnización.

Él se inclina por una cámara de compensación, gestionada preferiblemente por el sector privado y no por el Estado, por varios motivos: por un lado, al participar en la transacción económica, sería más sencillo encontrar una forma de financiación de la propia cámara que minimizase los costes para la sociedad; por otra, la cámara de compensación podría hacer públicos los precios de las licencias para el uso de las obras, de forma que el posible comprador tuviese una idea del coste al que se enfrentaría antes de empezar una búsqueda.

La posibilidad de reformar la regulación de las obras huérfanas está también en la agenda de la Comisión Europea, como pone de manifiesto esta Comunicación sobre la Propiedad Intelectual en la Economía del Conocimiento de 2009 (pdf en inglés) que comentamos en clase hace unas semanas. Supongo que los comisarios habrán tomado buena nota de lo que opina al respecto un actor tan importante, por su capacidad económica y de innovación, como Google.

Eric Schmidt (Google): “Las leyes las hacen los lobbies”

3 Oct

(Edito: Al traducir más abajo lo que dice Schmidt, no supe bien cómo trasladar “incumbencies” y opté por “empresas ya establecidas”. Mi compañera Yolanda señala en su blog lo limitado de mi elección, haciendo ver que los lobbies no tienen por qué estar financiados sólo por empresas, sino que también pueden estar detrás de ellos otros intereses, como los grupos ultraconservadores que apoyaron a Bush Jr. Así que corrijo y donde dije digo digo “organizaciones ya establecidas”.)

Precisamente ayer, en la charla que dio Marta García León en el máster sobre el régimen estadounidense de propiedad  intelectual y sus semejanzas y diferencias con el español, acabamos hablando del peso de las industrias culturales y del entretenimiento en Estados Unidos en la elaboración de las leyes.

Marta dio un dato bien explicativo del porqué: este sector es, tras la industria armamentística y la aeroespacial, el tercero más importante por contribución al PIB del país, a lo que hay que sumar el número de puestos de trabajo que genera.

Sin embargo, me ha llamado la atención encontrarme en The Atlantic esta cita tan explícita de Eric Schmidt, el CEO de Google. (En ese enlace puede verse también el vídeo completo de la intervención de Schmidt en el Washington Ideas Forum.)

Trascribo lo que dice en el breve extracto que he puesto arriba:

The average American doesn’t realize how much the laws are written by lobbies, and that is… -and I’m not trying to offend anyone who might be of that like here-, and it’s shocking, having spent a fair amount of time now inside the system, how the system actually works. And it’s obvious that if the system is organized around incumbencies writting the laws, the incumbencies will benefit from the laws that are written.

(El estadounidense medio no es consciente de hasta qué punto las leyes las escriben los lobbies, y eso… -y no pretendo ofender a nadie que trabaje en eso aquí-, es sorprendente, tras haber pasado bastante tiempo dentro del sistema, cómo funciona en realidad. Es evidente que, si el sistema está organizado alrededor de que las organizaciones ya establecidas (incumbencies) escriban las leyes, serán las que se beneficien de las leyes que se aprueben.)

Yochai Benkler, Dayna Kurtz y el futuro de los músicos

29 Sep

A finales de junio, como ya conté en su momento, Yochai Benkler, el conocido autor de The Wealth of Networks (La riqueza de las redes), pasó unos días en Madrid con ocasión de un seminario organizado alrededor de la iniciativa de traducción colaborativa de su libro al español.

En una de las primeras sesiones, Benkler, bajo el título Networks of Power. Degrees of Freedom (Redes de poder. Grados de libertad), presentó sus líneas de trabajo actuales, que giran alrededor de las distintas maneras en que se configuran las relaciones de poder en la sociedad en red. (El vídeo de la presentación se puede ver en la web de Medialab-Prado. Aprovechando que el vídeo se publicó bajo licencia CC-BY-SA, lo que permite la creación de obras derivadas, decidí dedicarme a subtitularlo, con la idea de hacerlo primero en inglés y luego en español. De momento, sólo he llegado a subtitular algo más del 40% del vídeo, que se puede ver en dotSUB.)

Entre otras cosas, habló de algo que a mí me interesa particularmente: las nuevas posibilidades que Internet ofrece a los músicos para poder ganarse la vida al margen de la industria discográfica.

Como explica Benkler en la introducción de su paper Everything in its right place: Social Cooperation and Artist Compensation“, escrito junto a Leah Belsky, Byron Kahr, Max Berkelhammer, de publicación prevista para este otoño en la Michigan Telecommunications and Technology Law Review (en algún lugar encontré el pdf de una versión que probablemente no sea la definitiva):

Ganarse la vida como músico nunca ha sido más complicado. El eclipse casi total del entorno de los medios por parte de Internet, junto con los progresos de las tecnologías de grabación, han reducido drásticamente el coste de grabar y distribuir música. Como consecuencia, más músicos que nunca tienen la posibilidad de cumplir sus sueños sin depender del papel de filtrado de la industria musical tradicional. Entretanto, las principales compañías discográficas continúan su largo declive, entre descensos en las ventas de CDs y un éxito sólo modesto de los modelos alternativos. Los fans musicales están cada vez más acostumbrados a consumir música sin pagar por ella; ya sea mediante streaming, a través de redes de intercambio de ficheros o copiándola de amigos. En resumen, las antiguas estructuras de compensación a los artistas están derrumbándose justo en el momento en que se abren nuevas posibilidades para la producción y la distribución.

A continuación, en su charla Benkler mencionó ejemplos de modelos alternativos con un alto componente colaborativo, como es el caso de Magnatune, un sitio web que se define como “sello discográfico independiente”, creado en 2003 con el objetivo de tratar de una forma justa tanto a los músicos como a sus clientes, y cuyo lema es “We are not evil” (“No somos malvados”), supongo que parafraseando el conocidísmo motto de Google, “Don’t be evil” (“No seas malvado”).

Magnatune firma acuerdos no exclusivos con los artistas, a los que les da el 50 por ciento de lo que obtenga de las ventas online y del cobro por licencias (para el uso comercial de la música en anuncios, películas…), un reparto más beneficioso para los artistas que el que ofrecen las discográficas tradicionales. A cambio, publica su música bajo licencia Creative Commons By-NC-SA, en varios formatos (WAV, FLAC, MP3, Ogg Vorbis y AAC) y sin restricciones técnicas que dificulten la copia (es decir, libres de DRM). La música se puede escuchar gratis en streaming, pero para descargarla hay que suscribirse por una tarifa plana mensual de 15 dólares que les permitirá descargar toda la música que deseen. (Hasta marzo de este año, los clientes podían comprar álbumes individuales, eligiendo el precio que preferían pagar, entre 5 y 24 dólares, con un precio recomendado por Magnatune de 8 dólares por disco.)

Otro de los ejemplos de Benkler fue el del músico Jonathan Coulton, que se presenta así en su web:

En 2005 dejé mi trabajo como programador para dedicarme a la música a tiempo completo. Para mantenerme ocupado, publicaba una canción nueva a la semana durante un año en este sitio web en un proyecto llamado Thing a Week. Varias de esas canciones se convirtieron en grandes éxitos en Internet (mi versión folky del “Baby Got Back“ de Sir Mix-a-Lot, un vídeo cachondo titulado “Flickr“, una canción llamada “Code Monkey“), y ahora tengo la suerte de poder ganarme la vida como músico.

Escribo sobre cosas geeky porque soy un geek. Algunas son divertidas, pero muchas no lo son tanto, y la mayoría están entremedias. Me han comparado con They Might Be Giants, Barenaked Ladies, Loudon Wainwright III, y otros músicos que TE ENCANTAN.

Distribuyo mucha música gratis porque creo que me beneficia y me encanta que la gente use mi música para crear otras cosas – vídeos musicales, películas, remezclas, etc. Actualmente no tengo discográfica y me enorgullece decir que he contruido este sitio entero prácticamente por mí mismo (con mucha ayuda de un grupo alucinante de seguidores). Pero lo cierto es que está haciéndose conocido…. Probablemente me venda y me vaya a Hollywood cualquier día de estos…

Coulton publica su música bajo licencia Creative Commons By-NC, sin DRM, en mp3 y flac. En su web, además de escuchar su música en streaming y comprarla, se pueden ver las cosas que otra gente ha hecho basándose o inspirándose en sus canciones, como vídeos, relatos o fotografías. Un gran ejemplo es este vídeo de otro geek, Mike Spiff, programador en Adobe, inspirado por uno de los mayores éxitos de Coulton, Code Monkey (Mono programador):

En un guiño a sus seguidores, cuyas costumbres evidentemente conoce, Coulton les dice:

¿Ya lo robaste?

No pasa nada. Si quisieses donar algo de dinero, puedes hacerlo a través de Amazon o Paypal. O para algo más divertido, compra un robot, mono o plátano que aparecerán aquí con tu mensaje.

Me acordé de esto el otro día cuando, como hago cada cierto tiempo, consulté el sitio web de una de mis cantautoras favoritas, la neoyorquina Dayna Kurtz, a la que he visto ya varias veces en directo en Madrid y cuya música me emociona como pocas, para ver si volvía pronto por aquí o si tocaba en Nueva York a finales de octubre, cuando yo esté por allí :-P.

No hubo suerte, pero una vez en la página me llamó la atención este mensaje: “my kickstarter debut, and some hatemail from a fan and my response.” (mi debut en kickstarter, el “correo de odio” de un seguidor y mi respuesta). Así que pinché en “ver más” y me encontré con este vídeo:

En él, Dayna hace un llamamiento a sus seguidores para conseguir recaudar el dinero necesario para publicar en Estados Unidos uno de sus últimos discos, American Standard, que hasta ahora sólo había podido ver editado en Europa, donde tiene al parecer más éxito que en su país, sobre todo en España y, particularmente, en Holanda. Para ello, utiliza Kickstarter.com, una plataforma de crowdfunding para “financiar ideas creativas y proyectos ambiciosos” basada en un “método de todo o nada, en el que el dinero sólo cambia de manos si se alcanza el objetivo a recaudar”.

Comprobé con satisfacción que Dayna había conseguido incluso algo más de dinero del que necesitaba (¡hubo alguien que donó más de 1500 dólares! ¿sus padres? :-) y que el proyecto se dio por finalizado con éxito a principios de agosto.

Junto al vídeo, se puede leer el mail que le envió a Dayna un (ex) seguidor, español para más inri, poniéndola a parir por hacer esta petición. La invectiva del defraudado fan, despreciando la petición de Dayna a sus fans frente a causas mucho más dignas, como “África, Haití, Nepal”, no aporta demasiado, pero la respuesta de Dayna sí me parece interesante y hasta emocionante. Y creo que da que pensar:

querido david,

siento mucho decepcionarte.

esos 2 discos que compraste, mucha gente los compró también. más de 30.000. no son números de estrella del rock. pero pude, por primera vez en mi vida, salir del fondo de la clase media, pagué mis deudas. deseaba llegar a aportar lo mismo a la casa que mi marido. nos compramos una casa modesta y pagué mi parte de los recibos mensuales. mi tercer disco, que salió hace 4 años, vendió quizá la mitad. ninguna maravilla, pero me sirvió. pero ‘american standard’? in 6 meses he vendido 900 copias en europa. 900. si estuviese perdiendo público porque mi música se estuviese volviendo una mierda o aburrida, no soy tonta -me daría cuenta: por ejemplo, si hubiese tenido más críticas negativas o indiferentes que buenas, y si en cada gira viniese menos gente a mis conciertos -lo aceptaría y buscaría otra manera de ganarme la vida. pero las críticas en su mayoría han sido muy buenas. la gente sigue viniendo a mis conciertos. y luego está esto: un corto vistazo hoy a 4 sitios al azar de música pirata por bit torrent muestra que se han descargado más de 50.000 copias de este disco. gratis. en sólo 4 sitios. de cientos.

la mayoría de la gente no se da cuenta de que las giras no se pagan solas. salir de gira con una banda normalmente produce unas pequeñas pérdidas. el objetivo de la gira (además del mero placer, para quienes somos perros vagabundos) es vender discos. apenas consigo que mis discos suenen en las radios comerciales. las ventas de CDs y las descargas legales eran las únicas fuentes de ingresos reales y constantes que tuve en una carrera musical de 20 años.

no exijo nada a mis seguidores, pero si un número suficiente de ellos quiere que grabe discos y me dice, con cierto grado de pasión, que mi música significa algo para ellos y que quieren más -no veo nada de malo en pedirles, si pueden, que me ayuden. lo único de esta iniciativa que me produce algo de remordimiento es que me apuesto lo que sea a que la gran mayoría de la gente que dona es el tipo de seguidor que ya ha comprado mi música, legal y conscientemente. y me siento tan honrada y agradecida por este cariño y apoyo que no puedo expresarlo en palabras.

así que esto no es un juego, david, no me faltes al respeto. no es fácil pedir ayuda. cuesta admitir que la profesión y el oficio al que he dedicado mi vida ya no es igual y que no puedo dar por descontado que me permitirá pagar mis recibos. me equivoqué al pensar que tener un número suficiente de seguidores significaba que podría sacar un disco en europa, donde mi audiencia es mayor, y tras unos meses de gira y de vender cds, haber ganado lo suficiente como para sacarlo y salir de gira en estados unidos (donde la promoción es mucho más cara). y al final de todo, tras pagar todas las facturas, me quedaría a cero o, en un buen año, conseguiría ahorrar algo de dinero para el siguiente disco.

así fue durante la última década, hasta este disco. hasta que un número cada vez mayor de gente decidió que no pasaba nada por robar algo que me costó decenas de miles de dólares y cientos de horas de trabajo, tanto creativo y técnico, crear. quizá la gente pensó que como hay un par de países en el mundo (españa y holanda) donde mi nombre sale en las revistas y la gente paga dinero para verme tocar en clubes grandes y en teatros -que un poco de robo no me haría daño. se equivocan.

en cuanto a áfrica, haití, nepal, ¿dejas TÚ de ir al cine o a un concierto porque haití necesita más ese dinero? no me estoy comparando con una causa trágica, intento recaudar dinero de los seguidores que sienten una conexión con mi música, gente que siente que tiene un interés personal en que NO lo deje, porque a estas alturas eso es lo que está en juego.

y prefiero MUCHO antes sentirme humildemente en deuda con un grupo de gente maja que aprecia y respeta lo que hago que con una empresa multinacional que tan pronto vende lavavajillas como música.

que los músicos dependan de la generosidad de mecenas es algo muy antiguo. estoy en el mismo grupo de famosos vendidos como mozart y bach. no es algo nuevo por lo que quejarse. durante siglos, los artistas han luchado, buscándose la vidilla y, también, arrastrándose para llevar comida a sus mesas de forma que les permitiese tener el tiempo y la energía suficientes para crear algo que haga que sus vidas merezcan la pena, que les haga sentir una conexión con algo universal, algo que emociona a la gente.

siento que te arrepientas de haber comprado esos 2 discos cuando tenías tan poco dinero. eso supone unas 8 cervezas que podías haber bebido o unas 2 paellas que podías haber comido o dos películas que podías haber visto (¡con palomitas!), ¡menudo desperdicio! espero que al menos hayas disfrutado escuchándolos muchas, muchas veces antes de que yo te decepcionase al no superar tu examente de pureza artística y por tanto al hacerte sentir que gastaste mal tu dinero.

me gustaría que nombrases un músico que supera tu test de pureza -te aseguro que, o son de familia rica o tuvieron mucho éxito muy jóvenes o, lo más probable, se han vendido, o como tú lo expresas -han perdido su “dignidad”- de alguna forma de la que tú no te has enterado. compusieron y cantaron la musiquilla de un anuncio en japón. pidieron a su discográfica que ofreciese sus canciones más comerciales a una gran estrella del pop o del country. tocaron en una boda o en una reunión empresarial privada para un seguidor que resulta que es billonario y que les pagó muy muy bien. y le sonrieron al tío con el dinero. hicieron aquello por lo que les pagaban, cogieron ese gran cheque y pagaron sus facturas y besaron a su pareja y a sus niños al llegar a casa y con la conciencia despejada y habiéndose quitado un gran peso de encima comenzaron a trabajar en algo que acelere sus corazones con emoción y miedo y mucha mucha alegría.

yo, y cualquier artista que conozco, hago lo que sea para llegar ahí. he cantado para un par de anuncios de televisión (y ese trabajo también se está agotando, desde la recesión), he hecho trabajo de estudio pagado como cantante y guitarrista, he producido discos para otros músicos, y he rezado a cualquier dios que me escuche para que alguna estúpida gran estrella del pop haga una versión de ‘love gets in the way’ y sea un gran éxito y me proporcione el jodido dinero suficiente para que yo pueda simplemente escribir, grabar y tocar la música que tengo en mi cabeza durante el resto de mi vida.

sé que nadie me debe esta vida que adoro, que me siento absolutamente afortunada de haber tenido incluso si se está acabando, la de ser una artista que graba y sale de gira a tiempo completo, pero ésa es la única vida por la que SÉ, desde el día en que escribí mi primera canción, que estoy dispuesta a pelear. todos los días.

le deseo una vida así a todo el mundo. a ti también.

atentamente,

dayna kurtz

ps: es evidente que ya no te gusta mi música, manchada como está. pero si hay otra música que te gusta, por favor, cómplara, o la matarás.

Termino con el vídeo de Love gets in the way, su mayor éxito, por muy humilde que haya sido. Y una verdadera maravilla de canción. Quién sabe, quizá alguno de los lectores de este blog es esa estrella del pop a la que se refiere Dayna… ;-)

…so come on and make a mess of me
i won’t walk away
i’m ready as i’ll ever be
i won’t walk away…

Lecciones de propiedad intelectual del mundo de la moda

5 Ago



(Se pueden activar los subtítulos en español)

Johanna Blakley, del Norman Lear Center de la Universidad del Sur de California, expone en esta charla en TED.com las peculiaridades del régimen de propiedad intelectual en el mundo de la moda, que le llevan a poner en entredicho la extendida creencia de que sin un régimen fuerte de propiedad no existirían incentivos suficientes para la innovación.

Como explica, en el mundo de la moda, al contrario de lo que sucede en otros ámbitos de la creación, la propiedad intelectual es más bien reducida: sobre las obras de los diseñadores sólo aplican los derechos de marca (trademark), pero no el copyright (la correspondencia aproximada en el derecho anglosajón de los derechos de autor continentales), y tampoco hay apenas patentes (en EEUU porque el listón de originalidad necesario para obtener una patente es muy elevado; en la Unión Europea, porque éste es tan bajo que cualquier pequeña variación permite patentar la nueva creación).

Según explica Blakley, el origen de este régimen particular de aplicación de la propiedad intelectual a las obras de los diseñadores está en que los jueces decidieron hace tiempo que la ropa era demasiado “utilitaria” (no sé bien cómo traducir “utilitarian“, aunque seguro que existe una expresión mejor) como para otorgar derechos exclusivos sobre ella a los diseñadores, de forma que el resto tuviesen que licenciar el uso de ciertos tipos de mangas, cuellos, botones…

Sin embargo, esto no ha impedido el florecimiento, tanto en términos económicos como de innovación, del mundo de la moda. Sino que al contrario, sostiene Blakley, lo ha estimulado, lo que contradice la extendida idea de que sólo un régimen fuerte de propiedad intelectual proporciona incentivos suficientes a los creadores e innovadores.

De hecho, afirma Blakley, esta situación es la que ha permitido la aparición de un rico ecosistema de creación e innovación, en el que tanto las firmas de alta costura como las grandes cadenas de “moda rápida”, como Zara o H&M, conviven y prosperan.

De hecho, uno de los datos más llamativos de la charla para mí es la comparación entre el peso económico de los sectores con menor nivel de protección de la propiedad intelectual (“Low IP industries”), como los de la moda, los automóviles o la comida, y el de aquéllos en los que la propiedad intelectual es más fuerte (“High IP industries”), como los del cine, los libros o la música:

Comparativa sectores con baja y alta propiedad intelectual (Johanna Blakley)

Comparativa económica entre sectores con baja y alta propiedad intelectual (Johanna Blakley)

Blakley dibuja un mapa de la propiedad intelectual en el que distingue dos dimensiones:  la ley protege los objetos “artísticos”, pero no los “utilitarios”; por otra parte, la ley no protege las ideas como tales, sino su fijación física por cualquier medio:

Dimensiones de la propiedad intelectual (Johanna Blakley)

Dimensiones de la propiedad intelectual (Johanna Blakley)

Sin embargo, continúa Blakley, la tecnología digital ha subvertido por completo la lógica de esta oposición entre plasmación física e idea: hoy en día, un libro no es algo que acumula polvo en la estantería, ni una canción es algo que pinchamos en el tocadiscos; ambos son ficheros digitales que se pueden copiar y distribuir con tanta facilidad que, en la práctica, se comportan como algo más parecido a ideas que a objetos físicos.

Y esto, concluye Blakley, debería tener consecuencias en el régimen de propiedad intelectual que les aplique, que podría tomar como referente el ejemplo de la moda.

Más información:

Proyecto Ready to Share: www.readytoshare.org

Blog de Johanna Blakley: johannablakley.wordpress.com

Johanna Blakley en Twitter: @Mojojohanna

Entrevista con ella en EconTalk.

Margaret Gould Stewart: “Cómo piensa Youtube sobre copyright”

27 Jun



(Se pueden activar subtítulos en español.)

Resulta interesante ver cómo la flexibilidad del sistema que ha implantado Youtube puede estimular que los titulares del copyright no bloqueen cualquier uso a priori no permitido de su material.

Y al final salgan ganando tanto ellos como quienes lo reutilizan.

(Vía @ArtePresentar)

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