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El futuro del libro 4. Marco jurídico I

25 Ene

(Esta entrada se basa en gran medida en el Informe sobre el libro electrónico (pdf) del Observatorio de la Lectura y el Libro del Ministerio de Cultura, publicado en abril de 2010.)

Qué es un libro

En la actualidad, el ordenamiento jurídico español establece, a través de la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas (art. 2 a)), la siguiente definición de “libro”:

“Libro: obra científica, artística, literaria o de cualquier otra índole que constituye una publicación unitaria en uno o varios volúmenes y que puede aparecer impresa o en cualquier otro soporte susceptible de lectura.

“Se entienden incluidos en la definición de libro, a los efectos de esta Ley, los libros electrónicos y los libros que se publiquen o se difundan por Internet o en otro soporte que pueda aparecer en el futuro, los materiales complementarios de carácter impreso, visual, audiovisual o sonoro que sean editados conjuntamente con el libro y que participen del carácter unitario del mismo, así como cualquier otra manifestación editorial.”

Esta definición, muy abierta, engloba tanto el libro electrónico como en papel, previendo también la posibilidad de que formatos, soportes y medios de difusión aún por inventar tengan la consideración de “libro”, que incluye tanto la obra literaria como los materiales complementarios que se editen conjuntamente y participen de su carácter unitario, aunque no el dispositivo de lectura.

El libro, como manifestación de la obra literaria, está expresamente protegido en España por la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) (art. 10.1.a)):

“son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza…”

Por su parte, los materiales complementarios incluidos en el libro, sean del tipo que sean, son considerados también libros y, en muchos casos, están protegidos por la LPI; por ejemplo los audiolibros (art. 105 y ss. LPI) y las grabaciones fonográficas (art. 114 y ss. LPI) incorporados a la obra literaria pero independientes jurídicamente de ella.

Publicación del libro

El art. 4 de la LPI incluye la siguiente definición de publicación:

“se entiende por divulgación de una obra toda expresión de la misma que, con el consentimiento del autor, la haga accesible por primera vez al público en cualquier forma; y por publicación, la divulgación que se realice mediante la puesta a disposición del público de un número de ejemplares de la obra que satisfaga razonablemente sus necesidades estimadas de acuerdo con la naturaleza y finalidad de la misma”.

Aunque la definición (de 1996) está pensada para soportes físicos, parece claro que el formato electrónico e Internet permiten difundir un número de ejemplares más que suficiente para las necesidades de explotación de la obra, por lo que la primera difusión de un libro electrónico, especialmente a través de Internet, puede considerarse tanto su divulgación como su publicación.

Internet: puesta a disposición y comunicación pública

Tradicionalmente, la explotación comercial de un libro en papel se basa en los derechos patrimoniales del autor de reproducción (art. 18 LPI) y distribución (art. 19 LPI) de su obra, cuya cesión (salvo en el caso de obras autoeditadas, poco habitual en el entorno físico) se materializa en un contrato de edición literaria, regulado en la LPI, y que tiene mal encaje en el entorno digital, donde la facilidad y rapidez de reproducción y de difusión son la norma.

Para tratar de adaptar la regulación de la propiedad intelectual a la era digital, se adoptaron en 1996 dos tratados internacionales en el seno de la Organización Internacional de la Propiedad Intelectual (OMPI; WIPO en sus siglas inglesas) (Tratado sobre Derechos de Autor y Tratado sobre Interpretaciones o Ejecuciones y Fonogramas) que definen un nuevo derecho de explotación: el derecho de puesta a disposición. (Mientras en el primer caso (art. 8) el derecho de puesta a disposición se define como parte del derecho de comunicación pública, en el segundo (art. 10) se define de forma independiente.)

Inspirada en ambos tratados, varios años más tarde se aprobó en la Unión Europea la Directiva 2001/29/CE, que define el derecho de puesta a disposición como parte del derecho de comunicación pública (art. 3):

“(l)os Estados miembros establecerán en favor de los autores el derecho exclusivo a autorizar o prohibir cualquier comunicación al público de sus obras, por procedimientos alámbricos o inalámbricos, incluida la puesta a disposición del público de sus obras de tal forma que cualquier persona pueda acceder a ellas desde el lugar y en el momento que elija.”

Esta directiva se transpuso al ordenamiento jurídico español a través de la Ley 23/2006, que modificaba entre otros artículos de la LPI el relativo al derecho de comunicación pública para contemplar como una de sus modalidades (art. 20.2.i)):

“[l]a puesta a disposición del público de obras, por procedimientos alámbricos o inalámbricos, de tal forma que cualquier persona pueda acceder a ellas desde el lugar y en el momento que elija”.

En la mayoría de los casos, ya se trate de descarga de ficheros o del pago por el acceso, temporal o no, a obras literarias alojadas en la nube, la difusión comercial del libro electrónico por Internet constituye un acto de puesta a disposición, y en consecuencia de comunicación pública, que nada tiene que ver con la venta de ejemplares, ya sea desde tiendas físicas o a través de Internet, que constituiría un acto de distribución clásica, aunque la compra se realizase a través de la Red.

Otras entradas de la serie:

El futuro de la lectura

El futuro del libro 1. ¿El ocaso de la era Gutenberg?

El futuro del libro 2. Conceptos

El futuro del libro 3. La cadena de valor

El futuro del libro 5. Marco jurídico II

El futuro del libro 6. Oleadas de la digitalización

El futuro del libro 7. Los proyectos de digitalización masiva de libros

El futuro del libro 8. El proyecto Google Books

El futuro del libro 9. El acuerdo sobre Google Books

La popularización del libro electrónico. Amazon vs Apple

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El futuro del libro 1. ¿El ocaso de la era Gutenberg?

18 Ene

Tras la industria musical y la del cine, el tsunami de cambio que supone Internet parece estar alcanzando de lleno a la industria editorial.

La lectura masiva de libros electrónicos tuvo que esperar al desarrollo de la tecnología necesaria, primero con los lectores especializados (fundamentalmente, el Kindle de Amazon, aparecido en 2007) y más recientemente con los tablets (como el iPad de Apple, presentado hace menos de un año, o la marea de dispositivos equipados con Android, el sistema operativo de Google, que, si tomamos como indicador la feria CES de Las Vegas de hace unos días, inundarán las tiendas en los próximos meses).

Si bien es cierto que la proporción de ventas de libros electrónicos es aún relativamente baja (y, por el momento, bastante mayor en Estados Unidos que en Europa), y pese a las reticencias de parte del sector editorial, la tendencia parece clara: aunque convivirán durante bastante tiempo con los libros tradicionales en papel, cada vez se venderán y se leerán más libros electrónicos.

De hecho, en mi opinión, estamos viviendo el principio de un cambio profundo del mundo de la edición. Jeff Jarvis, profesor de periodismo en la Universidad de Nueva York, en un coloquio sobre el futuro de los medios celebrado hace unos meses, lo explica así: estamos dejando atrás el “paréntesis Gutenberg“, una época de algo más de quinientos años que se inició con la difusión de la imprenta y todos los cambios que esto suscitó, y que termina con la expansión de la edición digital. Dice Jarvis:

La imprenta de Gutenberg

La imprenta de Gutenberg (fuente: iml.jou.ufl.edu)

[…] antes de Gutenberg, éramos orales y pensábamos en procesos, en remezclar y en pasarnos cosas unos a otros, y para el mundo supuso una gran confusión pasar a un mundo en el que las cosas eran permanentes y existía la autoría, y eso se extendió por el mundo, y la gente se asustó. Así es como hemos visto el mundo en esos 550 años, de una manera muy lineal, permanente, lógica. Y ahora estamos saliendo de ahí, y es algo igualmente confuso, y que afecta no sólo a cómo creemos que se crean los medios, sino a nuestra forma de conocer el mundo. Esto asusta a la gente, el hecho de que el mundo ya no viene en una caja con un lazo puesto.

([…] before Gutenberg, we were oral and process-oriented, and remixing, and passing thing around. and it was very confusing for the world to switch to a world where things were permanent and there was authorship, and it was spread around the world, and it scared people. That’s how we saw the world for those 550 years, in a very serial, permanent, logical way. And now we’re coming out of that, and that’s something just as confusing, and it affects not just how we think media is created, but it affects our cognition of the world. So that’s scary to people, it’s scary that the world isn’t packaged in a box with a bow on it anymore.)

Entiende Jarvis que durante los últimos cinco siglos la transmisión de conocimiento, de cultura, por medio de la palabra escrita se ha producido dentro del marco definido por las limitaciones que impone la tecnología de los soportes físicos utilizados para ello, los libros, que obligaban a presentar al lector un producto terminado, inmutable, cerrado, resultado de la impresión sobre papel de las ideas expresadas en las palabras de su autor. Pero la vida no es así, dice Jarvis en otro momento de la conversación, la vida es un proceso continuo, gradual, permanentemente inacabado. El fin del paréntesis Gutenberg, con el paso del libro impreso a la edición digital, puede permitirnos en cierto sentido volver al estado anterior a la imprenta, al reconciliar la producción de cultura con la naturaleza fluida de la vida.

Lectores de libros electrónicos (Kindle, iPad)

Lectores de libros electrónicos (Kindle, iPad) (fuente: http://www.pelenga.com)

Al escuchar esto hace unos días, tuve la sensación de que expresaba una idea muy potente y general, que no afecta sólo, ni mucho menos, a los libros, pues algo similar está sucediendo por ejemplo con la música, y en los mismos términos pueden entenderse los cambios que han sufrido los periódicos, cuya edición en papel parece cada vez más, comparada con la actualización inmediata de la información en la Red, un vestigio de un tiempo remoto.

Del producto al proceso o, yendo un paso más allá, del producto al servicio. Ésa parece ser la tendencia de todos los tipos de contenido en la Red.

Ante este nuevo paradigma, las posturas son muy diversas. Hay desde luego quien se deja dominar por el miedo al cambio, y pretende hacer como si no pasase nada, como si el mundo no estuviese transformándose a pasos agigantados, como si las reglas a las que estamos acostumbrados en el mundo físico se pudiesen trasponer sin más al mundo digital. Pero los hay también que abrazan irreflexivamente cualquier novedad, todo lo que suponga un cambio respecto a lo existente hasta ahora, sin pararse a pensar si si trata de una evolución o de una involución.

Me gusta pensar que yo estoy en algún punto intermedio: consciente de las ventajas de este cambio de modelo (en particular, por la pérdida de poder de ciertos intermediarios que controlaban hasta ahora el acceso a la cultura y la promesa de democratización que esto conlleva, tanto para creadores como para  consumidores), no dejo de ver en esta gran transformación ciertos retos (necesidad de repensar la forma de compensar a los creadores, erosión de los derechos de los consumidores…) a los que nos tendremos que enfrentar en el tránsito hacia la transmisión digital de la cultura.

En las próximas entradas trataré de dar un repaso al cambiante panorama actual y atisbar las tendencias que indican cuál puede ser la evolución futura de la edición en el mundo digital.

Otras entradas de la serie:

El futuro de la lectura

El futuro del libro 2. Conceptos

El futuro del libro 3. La cadena de valor

El futuro del libro 4. Marco jurídico I

El futuro del libro 5. Marco jurídico II

El futuro del libro 6. Oleadas de la digitalización

El futuro del libro 7. Los proyectos de digitalización masiva de libros

El futuro del libro 8. El proyecto Google Books

El futuro del libro 9. El acuerdo sobre Google Books

La popularización del libro electrónico. Amazon vs Apple

El futuro de la lectura

27 Dic

El pasado 18 de noviembre tuvo lugar, dentro de las actividades de nuestro Máster en Economía Digital e Industrias Creativas, un seminario sobre edición digital que prometía ser de lo más interesante, pues, bajo la moderación de Luis Cueto, del Ministerio de Ciencia e Innovación, en él estaban representados diversos actores vinculados al sector, desde los editores (representados por Antonio María de Ávila, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España), a los bibliotecarios (con la presencia de Margarita Taladriz, directora de la biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid), pasando por los propios autores (en la figura de Nuria Barrios, escritora y periodista), las entidades de gestión (con Antonio Isabel, del gabinete jurídico de CEDRO) o las empresas que participan en la transformación de la edición (con la participación de Rafael Rivera, socio director de Iclaves).

Sin embargo, mi ilusión derivó en frustración al ver cómo el debate acabó polarizándose entre las posturas encontradas (y en mi opinión poco constructivas) de uno de los alumnos del máster y el señor De Ávila respecto a la “cultura libre”, en lugar de tratar algunos de los muchos asuntos interesantes relacionados con la transformación que está sufriendo el mundo de la edición, en auténtica ebullición en estos momentos. [Al final de este post encontraréis enlaces a los vídeos de las distintas intervenciones.]

Así que, en lugar de comentar lo que se habló entonces (nuestro compañero David hizo en su blog un detallado recuento que no me veo capaz de mejorar), voy a comentar algo que he leído recientemente sobre el futuro de la lectura y que me ha dado que pensar. (Añado: otra compañera, Yolanda, también ha dado su interesante opinión sobre el seminario.)

Pero antes, confesaré mi peculiar relación con los libros: no me considero un gran lector (de libros, al menos), no llegan siquiera a diez los que leo al año, y sin embargo son muuuchos más los que compro (prefiero no echar cuentas…). Siempre en papel, por cierto, pues curiosear (y comprar, claro) en una librería es una de mis actividades favoritas y, aunque tengo un lector de libros electrónicos desde hace casi dos años, lo utilizo principalmente para leer artículos, posts y papers que encuentro en Internet (la única vez que traté de comprar un libro electrónico acabó en rotundo fracaso). Combino por tanto lectura en papel con lectura en pantallas (del ordenador, del lector, del iPod, del móvil) y, aunque para lecturas largas sigo prefiriendo el papel (sobre todo por mi costumbre de subrayar y anotar, que el aparato que tengo no permite hacer), compruebo que cada vez me molesta menos leer en pantalla.

Aun así, el libro en papel me parece un gran invento, una tecnología muy conseguida, como demuestran sus quinientos años de vigencia. Por eso, no soy de los que vaticinan su desaparición inminente, ni mucho menos. Sin embargo, no me considero tampoco un fundamentalista defensor del papel.

Creo que el apego de la gente de mi generación y de las anteriores por el papel se debe en gran medida a la educación que recibimos, siempre a través del papel y la letra impresa o manuscrita, tan distinta de la que daremos o estamos dando ya a nuestros jóvenes, cada vez más basada en las pantallas, la interactividad y la remezcla. Y esto, evidentemente, tendrá consecuencias sobre el futuro del libro.

Como dice José Antonio Vázquez, de dosdoce.com, hablando del futuro de las librerías físicas:

Para empezar, es posible que en una o dos generaciones, con la entrada de los ordenadores portátiles en las escuelas, ya no existan estudiantes que hayan trabajado en clase con papel, y los libros impresos serán para ellos algo tan vintage como el walkman y el vinilo, aunque no me gustan demasiado las analogías del sector discográfico con el editorial, pero digital oblige. Puede ser una exageración, es cierto, pero la exageración sólo quiere ubicar a aquellos que se aferran al papel para que repasen los cambios que han sufrido en su cotidianeidad con respecto a la vida de sus padres, no ya de sus abuelos. Y aunque pensemos –y sabemos- que el libro tal y como lo conocemos tiene un componente especial, de valor intrínseco, además de vehículo de cultura, transmisión de lenguaje, pensamiento humano, etc., (argumentos relativos según el que coge un libro, pues al que sólo lee el bestseller del año no le interesan tanto estos valores como  poder pasar un buen rato con un libro “de esos que no puedes dejar de leer”; además, las editoriales de hoy –no todas, pero casi-, como muy bien recuerda Jason Epstein, necesitan alguno de estos bestseller para sobrevivir) no por ello, y a pesar de las peticiones a contracorriente de autores como Silva en el último FICOD para la creación de un protectorado del libro de papel -o del  propio librero-, van a ser eternos o, al menos, de uso común para las generaciones que estudien, trabajen y se manejen casi exclusivamente con lo digital.

Incidiendo en esta idea, Mike Shatzkin, que escribe cosas muy interesantes sobre el futuro del sector editorial, prevé que será precisamente en los libros dirigidos a los más jóvenes, y no en los libros para adultos, donde antes se pongan de manifiesto las ventajas de los libros electrónicos “mejorados” o “enriquecidos”:

The reasons that I’m skeptical about enhanced (or enriched, a recent term I’ve heard that might be better) ebooks is because most adult books are written as narrative reading experiences not intended to be interrupted and now being read by people who value the immersive experience. (Not all. But most of the kind we think of as bestsellers or literature.) My guess is that it is going to be hard to shift many of the hours of consumption now devoted to immersive reading to something quite different. And I see that as a qualitatively different challenge than moving immersive reading itself from one delivery mechanism (paper) to another (screens.)

[La razón por la que soy escéptico sobre los libros mejorados (o enriquecidos, un término reciente que he oído y que puede ser mejor) es que la mayoría de los libros para adultos están escritos como experiencias de lectura narrativa no pensadas para sufrir interrumpciones, y los lee gente que valora la experiencia envolvente. (No todos. Pero sí la mayoría de los bestsellers o de la literatura.) Creo que va a ser difícil que muchas de las horas dedicadas ahora a lectura envolvente se empleen en algo muy diferente. Y esto es para mí un reto cualitativamente diferente del de trasladar la propia lectura envolvente de un mecanismo de distribución (el papel) a otro (las pantallas.)]

Sin embargo, según Shatzkin, la situación es muy distinta en los libros para niños:

The degree to which you can immerse yourself in a book is directly proportional to the fluency with which you read. That means that the younger you are, the more likely you are to accept the interrupted reading experience .

And as the devices get cheaper and more ubiquitous, parents and kids will learn fast how entertaining, instructive, and accessible interactive experiences can be.

[…]

That means it is a lot harder for a younger person to get immersed in just words on paper. That’s why kids’ books offer so much more than that: pictures, of course, but also pop-ups and various other entertaining three-dimensional devices, to the extent they can be delivered in something which is fundamentally bound paper.

You could say kids have been getting “enhanced books” forever!

The new devices have much better capabilities than CD-Roms did to engage in ways other than with words — ways which those of us who love immersive reading might find distracting or annoying but which kids love. Intuitive touchscreen navigation, a relatively recent development, makes it even easier to engage and interact with an active mind that hasn’t yet learned enough language to work comfortably with written cues.

[El grado en el que puedes sumergirte en un libro es directamente proporcional a la fluidez con la que lees. Eso significa que, cuanto más joven eres, más probable es que aceptes interrupciones en tu experiencia lectora.

Y a medida que los dispositivos van siendo más baratos y ubicuos, los padres y los niños aprenderán rápido lo entretenidas, instructivas y accesibles que pueden ser las experiencias interactivas.

[…]

Eso significa que es mucho más difícil para una persona joven sumergirse en meras palabras sobre papel. Esa es la razón por la que los libros para niños ofrecen mucho más que eso: imágenes, por supuesto, pero también desplegables y otros artilugios tridimensionales que los entretengan, siempre dentro de las posibilidades que ofrece algo que es básicamente papel encuadernado.

¡Se podría decir que los libros para niños han sido desde siempre “libros mejorados”!

Los nuevos dispositivos ofrecen muchas más posibilidades que los CD-Roms para llamar la atención [de los “lectores”], no sólo con palabras — mecanismos que a quienes disfrutamos de una lectura envolvente nos distraen o nos molestan, pero que a los chavales les encantan. La navegación intuitiva mediante pantalla táctil, un avance relativamente reciente, hace todavía más fácil interaccionar con una mente activa que aún no tiene suficiente dominio del lenguaje como para trabajar cómodamente con indicaciones escritas.]

Probablemente ya en el inminente 2011 podremos empezar a vislumbrar hasta qué punto estas predicciones están en lo cierto.

Vídeos del seminario sobre edición digital (EOI, 18 de noviembre de 2010):

Luis Cueto (moderador, Ministerio de Ciencia e Innovación)

Antonio María de Ávila (Director ejecutivo de la Federación de Gremios de editores de España)

Nuria Barrios (escritora y periodista)

Antonio Isabel (Gabinete jurídico de CEDRO)

Rafael Rivera (Iclaves) (presentación)

Margarita Taladriz (Directora de la Biblioteca de la Universidad Carlos III de Madrid) (presentación)

Otros enlaces de interés:

Artículos de opinión en DosDoce.com (portal cultural dirigido por Javier Celaya)

The Shatzkin Files (blog de Mike Shatzkin sobre el futuro del mundo editorial)

– Future of books” (mi selección de fuentes sobre el futuro de los libros en Google Reader)

Mi serie de entradas sobre el futuro del libro:

El futuro del libro 1. ¿El ocaso de la era Gutenberg?

El futuro del libro 2. Conceptos

El futuro del libro 3. La cadena de valor

El futuro del libro 4. Marco jurídico I

El futuro del libro 5. Marco jurídico II

El futuro del libro 6. Oleadas de la digitalización

El futuro del libro 7. Los proyectos de digitalización masiva de libros

El futuro del libro 8. El proyecto Google Books

El futuro del libro 9. El acuerdo sobre Google Books

La popularización del libro electrónico. Amazon vs Apple

That means it is a lot harder for a younger person to get immersed in just words on paper. That’s why kids’ books offer so much more than that: pictures, of course, but also pop-ups and various other entertaining three-dimensional devices, to the extent they can be delivered in something which is fundamentally bound paper. 

You could say kids have been getting “enhanced books” forever!

The new devices have much better capabilities than CD-Roms did to engage in ways other than with words — ways which those of us who love immersive reading might find distracting or annoying but which kids love. Intuitive touchscreen navigation, a relatively recent development, makes it even easier to engage and interact with an active mind that hasn’t yet learned enough language to work comfortably with written cues.

La riqueza de las redes

2 Jul

Esta semana se ha celebrado, con la presencia del propio autor, un seminario en el Medialab-Prado de Madrid alrededor del libro The Wealth of Networks (La riqueza de las redes), publicado en 2006 por Yochai Benkler, profesor de derecho en Harvard y codirector del Berkman Center for Internet & Society, obra magna que recoge sus reflexiones alrededor del procomún, desde una perspectiva económica, cultural o de justicia social.

Javier de la Cueva junto a la prueba de que Jesús González-Barahona y Yochai Benkler son personas distintas.

Javier de la Cueva, Jesús González-Barahona y Yochai Benkler frente al Medialab-Prado

(Foto: © kandinski@flickr CC-BY-SA 2.0)

Fue Jesús González-Barahona, profesor en nuestro Máster en Economía Digital e Industrias Creativas en la EOI, quien nos sugirió que nos apuntásemos. Y allí conocí, entre otra mucha gente interesante, a Javier de la Cueva, que también nos dará clase dentro de unos meses.

El motivo que propició la presencia de Benkler en Madrid es el proyecto de traducción colaborativa del libro, que, como explica Floren Cabello, su coordinador, se aprovecha de la licencia bajo la que Benkler lo publicó:

Esta propuesta de traducción al castellano de The Wealth of Networks parte de las posibilidades de remix no comercial que brinda la licencia Creative Commons No comercial-Compartir Igual que Benkler eligió para publicarla, además de del contacto previo con el autor y del entusiasmo que éste ha mostrado hacia el proyecto.

La ocasión permitió que, durante los tres días de duración del seminario, pudiésemos conocer de primera mano las líneas de investigación que ocupan actualmente a Benkler, así como que diversas personas involucradas en la defensa y promoción del procomún en España expusiesen y discutiesen sus proyectos con Benkler y el resto del auditorio.

Así, pudimos conocer iniciativas tan interesantes como Guifi.net, una red de telecomunicaciones libre, abierta y neutral, con más de 10.000 nodos, la mayoría en Cataluña; Lorea, un “semillero” de redes sociales libres, seguras, distribuidas y federadas; o los varios frentes en los que da guerra Javier de la Cueva, desde el proyecto de ontología jurídica libre a Move Commons, una herramienta basada en las tecnologías de la Web semántica para que los colectivos declaren los principios básicos a los que se comprometen.

En fin, una extraordinaria experiencia, en particular para un neófito como yo, y la ocasión de poder vislumbrar por dónde van a ir las luchas sociales por defender, repensar y llevar a la práctica las posibilidades liberadoras que ofrece la Red.

[Edito: Javier Candeira ha escrito sobre el seminario en Barrapunto. Y en particular sobre la conversación entre Benkler y Langdon Winner en CookingIdeas.]

Excedente cognitivo

6 Jun

(Vía Andrew Sullivan, en su post “How Have You Deployed Your Own Cognitive Surplus?“. El vídeo tiene subtítulos en inglés, que se activan pulsando en “CC”.)

Cognitive Surplus (Excedente cognitivo) es el título del nuevo libro de Clay Shirky, de inminente publicación.

Con esa expresión, Shirky se refiere a la idea de que en este momento que vivimos, de transición de una época de predominio de los medios de masas (radio, prensa y, en particular, televisión) a otra en la que el medio por antonomasia será Internet, se está liberando una capacidad creativa hasta ahora cautiva de esos medios tradicionales, que fomentaban un consumo meramente pasivo de información.

Shirky comenta una estadística conocida por todos: cada habitante del mundo desarrollado pasa de media unas cuatro horas al día delante del televisor.

Sin embargo, cada vez más, al menos los más jóvenes, van (¿vamos?) sustituyendo ese tiempo que antes dedicaban a la recepción pasiva de información a través de la televisión por horas delante del ordenador, consumiendo, pero, y esto es lo importante, también produciendo información, conocimiento, cultura.

En este vídeo, con su elocuencia y claridad habituales, Shirky desarrolla su tesis:

[blip.tv ?posts_id=862384&dest=-1]

Se puede leer una transcripción en inglés “ligeramente editada” en la web de Shirky. A continuación pongo mi traducción de esa transcripción (work in progress: aún no está completa):

Recientemente me recordaron algo que leí en la universidad, el siglo pasado, de un historiador británico que afirmaba que la tecnología crucial en la primera fase de la revolución industrial fue la ginebra.

La transformación de la vida rural a la urbana sucedió tan de repente, y fue tan desgarradora, que lo único que pudo hacer la sociedad para sobrellevarlo fue emborracharse hasta el estupor durante una generación. Las historias de esa época son increíbles– carretillas con ginebra recorrían las calles de Londres.

Y sólo cuando la sociedad despertó de la juerga colectiva empezamos a tener las estructuras institucionales que hoy asociamos con la revolución industrial. Cosas como bibliotecas públicas y museos, una cada vez más amplia educación de los niños, líderes electos –muchas cosas que nos gustan– no se dieron hasta que el hecho de tener a tanta gente junta dejó de verse como una crisis y se empezó a ver como algo valioso.

Sólo cuando la gente empezó a ver esto como un enorme excedente cívico, que podían diseñar en lugar de únicamente disipar, empezamos a tener lo que ahora entendemos como una sociedad industrial.

Si tuviese que elegir la tecnología crucial del siglo veinte, el lubricante social sin el que las ruedas sociales habrían dejado de girar, diría que es la comedia de situación. A partir de la Segunda Guerra Mundial, sucedieron un montón de cosas –incremento del PIB per cápita, mayor alcance de la educación, incremento de la esperanza de vida y, muy importante, un número creciente de personas que tenían una semana laboral de cinco días. Por vez primera, la sociedad forzó a una enorme cantidad de sus ciudadanos a gestionar algo que nunca habían tenido que manejar antes: tiempo libre.

¿Y qué hicimos con ese tiempo libre? Pues, la mayor parte, lo dedicamos a ver la tele.

Eso hicimos durante décadas. Vimos “Quiero a Lucy”. Vimos “La isla de Gilligan”. Vimos “Malcolm in the Middle”. Vimos “Mujeres desesperadas”. Mujeres desesperadas” sirvió principalmente como una especie de disipador cognitivo, que disipaba capacidad de pensar que, de no ser por la serie, se habría acumulado y habría provocado que la sociedad se sobrecalentase.

Y sólo ahora, al despertarnos de esa juerga colectiva, estamos empezando a ver el excedente cognitivo como algo valioso, y no como una crisis. Estamos viendo cómo se diseñan cosas para aprovechar ese excedente, para utilizarlo de formas más interesantes que simplemente que cada uno tengamos una tele en nuestro sótano.

Me di cuenta de esto durante una conversación que tuve hace un par de meses. Como ha dicho Jen en la introducción, he terminado un libro titulado “Here comes everybody” (Aquí vienen todos), que acaba de publicarse, y esta intuición me vino durante una conversación sobre el libro. Me estaba entrevistando una productora de televisión para ver si aparecería en su programa, y me preguntó, “¿Qué ves por ahí que sea interesante?”

Le empecé a hablar del artículo de Wikipedia sobre Plutón. Puede que recordéis que Plutón fue expulsado del club de los planetas hace un par de años, lo que hizo que de repente hubiese mucha actividad al respecto en Wikipedia. Las páginas de discusión se animaron, la gente se puso como loca a editar el artículo, y se armó un buen jaleo en toda la comunidad: “¿Cómo deberíamos explicar este cambio de estatus de Plutón?” Y poco a poco fueron cambiando el artículo –con una lucha continua entre bambalinas– desde “Plutón es el noveno planeta” a “Plutón es una roca de forma extraña con una órbita de forma extraña en el confín del Sistema Solar”.

Así que le comento esto, y pienso, “Vale, vamos a tener una conversación sobre la autoridad o la construcción social, o lo que sea”. Pero no fue esa su pregunta. Escuchó la historia, meneó la cabeza y dijo: “¿De dónde saca tiempo la gente?” Ésa fue su pregunta. Yo salté. Y le dije, “Nadie que trabaje en la televisión puede hacer esa pregunta. Tú sabes de dónde sale el tiempo. Sale del excedente cognitivo que habéis estado ocultando durante 50 años.”

¿Cuán grande es este excedente? Si tomamos Wikipedia como una especie de unidad, Wikipedia entera, el proyecto completo –todas las páginas, todas las ediciones, todas las páginas de discusión, todas las líneas de código, en todos los idiomas en los que existe Wikipedia– representa algo así como la acumulación de 100 millones de horas de pensamiento humano. Calculé esto con Martin Wattenberg, de IBM; es un cálculo rápido, pero el orden de magnitud es correcto, alrededor de 100 millones de horas de pensamiento.

¿Y viendo televisión? Doscientos mil millones de horas cada año sólo en EEUU. Dicho de otro modo, ya que tenemos una unidad, eso son 2000 proyectos Wikipedia al año dedicados a ver la televisión. O, dicho aún de otro modo, en EEUU, dedicamos 100 millones de horas cada fin de semana sólo a ver anuncios. Este es un excedente bastante grande. La gente que pregunta, “¿Dónde encuentran tiempo?” cuando ven cosas como Wikipedia no entienden lo pequeño que es ese proyecto entero, como un vaciado de ese activo que finalmente es arrastrado a lo que Tim denomina una arquitectura de participación.

Lo interesante de un excedente como ése es que la sociedad al principio no sabe qué hacer con él –de ahí la ginebra, de ahí las comedias de situación. Porque si la gente supiese qué hacer con un excedente en referencia a las instituciones sociales existentes, entonces no sería un excedente, ¿no? Precisamente cuando nadie tiene ni idea de cómo utilizarlo es cuando la gente tiene que empezar a experimentar con él, para que el excedente acabe integrado, y el desarrollo de esa integración puede transformar la sociedad

La primera fase para sacarle partido a este excedente cognitivo, la fase en la que creo que aún estamos, toda hecha de casos especiales. La física de la participación se parece mucho más a la física del clima que a la física de la gravedad. Conocemos todas las fuerzas que se combinan para hacer que este tipo de cosas funcionen: he aquí una comunidad interesante, y allí hay un modelo de compartición interesante, esa gente está colaborando en software de código abierto. Pero aun conociendo las entradas, no podemos predecir los resultados aún, porque existe demasiada

La manera de explorar ecosistemas complejos pasa simplemente por intentar un montón de cosas y esperar que todos los que fracasan lo hagan de una manera que informe, de forma que encuentres una calavera o una pica cerca de donde vas. En esa fase estamos.

Por poner un ejemplo, uno que me encanta, pero es pequeño. Hace un par de semanas, uno de mis alumnos en ITP me reenvió un proyecto que inició un profesor en Brasil, en Fortaleza, llamado Vasco Furtado. Es un mapa-wiki de la delincuencia en Brasil. Si se produce una agresión, si hay un robo, un atraco, un asalto, una violación, un asesinato, puedes ir y poner una marca en un Google Map, y puedes caracterizar la agresión, y empiezas a ver una mapa de dónde se están cometiendo estos delitos.

Esto ya existe como información tácita. Cualquier que conozca una ciudad tiene una idea de “Aquí no vayas. Esa esquina es peligrosa. No vayas a este barrio. Ten cuidado aquí cuando anochezca.” Pero es algo que la sociedad sabe sin realmente saberlo, es decir, que no hay una fuente pública de la que beneficiarse. Y los policías, si tienen esta información, desde luego no la comparten. De hecho, una de las cosas que dice Furtado al empezar el mapa-wiki de la delincuencia es: “Puede que esta información exista o no en algún sitio de la sociedad, pero de hecho para mí es más fácil tratar de reconstruirla desde cero que intentar obtenerla de las autoridades que puedan tenerla ahora.”

Puede que tenga éxito o que fracase. Lo habitual para el software social sigue siendo el fracaso; la mayoría de estos experimentos no tienen éxito. Pero los que lo tienen son increíbles, y yo espero que éste lo tenga, está claro. Pero aunque no fuese así, ya ha demostrado algo, que alguien trabajando solo, con herramientas realmente baratas, alberga una esperanza razonable de extraer una parte suficiente del excedente cognitivo, del deseo de participar, de la buena voluntar colectivo de los ciudadanos, como para crear un recurso que hace apenas cinco años no habrías imaginado que existiría.

Así que ésa es la respuesta a la pregunta “¿Dónde encuentran tiempo?” O, mejor, ésa es la respuesta numérica. Pero por debajo de esa pregunta había otro pensamiento, no una pregunta sino una observación. En esa misma conversación con la productora de televisión yo estaba hablando de los gremios de World of Warcraft, y mientras hablaba, casi podía ver lo que ella estaba pensando: “Perdedores. Hombre adultos reuniéndose en un sótano y creyéndose elfos.”

Al menos ellos hacen algo.

¿Visteis alguna vez ese episodio de “La isla de Gilligan” en el que casi salen de la isla pero Gilligan la lía y finalmente no se van? Yo lo vi. Lo vi muchas veces mientras crecía. Y cada media hora que dediqué a verlo era media hora que no estaba escribiendo en mi blog o editando Wikipedia o contribuyendo a una lista de distribución. Tenía una excusa irrefutable para no hacer esas cosas, y es que ninguna de esas cosas existían entonces. Me veía obligado al canal de medios tal como era porque era la única opción. Ahora no lo es, y ésa es la gran sorpresa. Por muy malo que sea reunirse en un sótano y hacerse pasar por un elfo, puedo deciros por experiencia propia que peor es quedarte en tu sótano tratando de decidir si es más guapa Ginger o Mary Ann.

Y estoy dispuesto a hacer de esto un principio general. Es mejor hacer algo que no hacer nada. Incluso los lolcats, incluso las bonitas fotos de gatitos aún más bonitas por los textos que las acompañan implican una invitación a la participación. Cuando ves un lolcat, una de las cosas que le dice al espectador es: “Si tienes fuentes sans-serif en tu ordenador, tú también puedes jugar a este juego.” Y ese mensaje –yo también puedo hacerlo– supone un gran cambio.

Free Culture

14 May

Esta última semana he “leído”, como deberes para la asignatura sobre obras libres del máster, el libro de Larry Lessig Free Culture (el enlace al sitio dedicado al libro hace tiempo que no funciona, como tampoco el que lleva a la web de Lessig).

Pongo las comillas porque, en realidad, aunque descargué el libro tanto en pdf como en epub (está disponible en muchos otros formatos también), finalmente lo que he hecho es escuchar la grabación que varios colegas de Lessig hicieron del texto, poniendo en práctica varias de las libertades que otorga la licencia bajo la que lo publicó (Creative Commons Reconocimiento No comercial): la de copiar, distribuir y comunicar públicamente la obra y la de crear obras derivadas.

En algún momento escribiré sobre el contenido del libro; hoy lo hago sobre la forma, porque me llevé varias agradables sorpresas al escucharlo (y me di cuenta de hasta dónde llega mi frikismo… :-P): resulta que no sólo sabía quiénes eran varios de los lectores, sino que (re)conocí sus voces…

En particular, me hizo ilusión encontrarme con el crack de Dave Winer, a cuyo podcast semanal con Jay Rosen (al que ya he mencionado aquí), Rebooting the news, estoy tan enganchado como a las grandes series americanas que tanto disfruto…

Después de Free Culture, ahora estoy con otra “lectura”: The Wealth of Networks, de Yochai Benkler, otro de los grandes personajes que orbitan alrededor del Berkman Center de la Universidad de Harvard…

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