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Egipto, Al Jazeera y Creative Commons

1 Feb

La cadena de televisión “panárabe” Al Jazeera se ha convertido en uno de los referentes para el seguimiento, tanto desde los propios países de la zona como desde el resto del mundo (emite en árabe y en inglés), de los acontecimientos que están amenazando con hacer caer algunas de las dictaduras a que están sometidos varios países árabes, desde Túnez a Yemen, pasando por Egipto, centro actualmente de todas las miradas. Tan es así que Mubarak, en un intento de frenar la oleada de revueltas que se le ha venido encima, ha llegado a cerrar la sede de la cadena en El Cairo, revocando la licencia para emitir en Egipto.

Ayer leí esta noticia en Techdirt, “Al Jazeera ofrece su cobertura de Egipto a quien quiera usarla bajo licencia Creative Commons” (en inglés):

[…] Al Jazeera ha optado por una forma fascinante de hacer frente a todo eso: ha publicado gran parte de sus reportajes bajo licencia Creative Commons. De hecho, la cadena ha creado un sitio específico para el contenido CC, donde archiva y recopila todo su material que cualquiera puede utilizar libremente, con sólo reconocer su autoría. Por suerte, ni siquiera utiliza una licencia “no comercial”. La licencia sólo exige que quien quiera utilizar el contenido reconozca la autoría del mismo.

[…] Si atendemos a los argumentos tradicionales sobre la escasez, hay quien diría que Al Jazeera debería controlar férreamente todo este gran contenido. Está muy demandado ahora mismo, y teniendo en cuenta su amplia cobertura y la experiencia de sus reporteros allí destacados, algunos dirían que es el momento perfecto para que Al Jazeera se muestre lo más restrictiva posible con su contenido. Pero la cadena parece estar pensando a mucho más largo plazo, siendo consciente de que cada vez más gente en todo el mundo confía en su cobertura (con un gran interés proveniente de Estados Unidos). Esto constituye realmente una oportunidad para la compañía de hacer crecer mucho su marca, y quizá incluso de superar algunos de los estereotipos y ataques que recibe desde Estados Unidos y varios otros países occidentales. Y la manera de conseguirlo es hacer que más gente vea su contenido y se dé cuenta de que merece la pena. Para lo cual, utilizar Creative Commons (o algo parecido) tiene todo el sentido del mundo.

Hace unos meses, en los inicios de nuestro máster, estudiamos los distintos tipos de licencias inspiradas en las más utilizadas para el software libre. Entre éstas, tienen un lugar destacado las distintas variedades de Creative Commons, sobre las que ya hablé aquí entonces, explicando por qué yo también opto por publicar lo que escribo y las pocas fotos que cuelgo en Flickr bajo una licencia CC-BY, sin cláusula “no comercial”.

La decisión de Al Jazeera de utilizar CC, y más en una de sus versiones menos restrictivas (pues no limita los posibles usos de su material a los no comerciales, lo que permite que otras cadenas puedan utilizarlo, siempre que citen adecuadamente la fuente), puede tener una gran repercusión no sólo para la propia cadena sino para la adopción por otras compañías de prácticas más adaptadas al nuevo ecosistema de medios en que nos movemos.

La privacidad vista desde el otro lado

9 Dic

Hace unas semanas, dentro de las actividades del máster, tuvimos ocasión de escuchar a José López Calvo, subdirector de Inspección de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), hablar sobre la protección de datos personales en Internet.

López Calvo expuso una visión convencional del asunto desde el punto de vista de una autoridad de control, como es la AEPD, recordando cuáles son los principios en los que se basa la legislación vigente al respecto (información, consentimiento, calidad de los datos, seguridad…) y alertando sobre los riesgos que nuestra cada más frecuente y continua presencia en la Red, en particular en las distintas redes sociales, supone para nuestra privacidad.

Es decir, hasta cierto punto, y salvando las distancias, lo mismo que cuento yo cuando me toca salir de sarao por la región de cuyo nombre no quiero acordarme… :)

Creo que este es uno de los asuntos centrales del momento que estamos viviendo en la evolución de la Red. Sin ir más lejos, porque es en cierta medida el campo de batalla de la lucha entre dos gigantes como Facebook y Google por ver quién controla nuestra identidad online y, sobre todo, quién extrae de ella los dólares que los anunciantes están dispuestos a pagar por mensajes publicitarios cada vez más específicos para cada uno de nosotros, que tienen en cuenta no sólo qué hemos introducido en el campo de texto del buscador, sino cuáles son nuestros intereses, aficiones, dónde vivimos, con quién nos relacionamos. En definitiva, quiénes somos.

Aún estamos asumiendo el cambio que ha supuesto la irrupción en los últimos años de fenómenos masivos como MySpace, Facebook, Foursquare o Twitter. A mí me llama la atención cómo estos servicios han conectado con una necesidad generalizada de compartir detalles de nuestra vida, cosas que antes sólo conocían unos pocos familiares o amigos cercanos, pero en muchos casos más por dificultades materiales, de logística, que por voluntad de restringir el acceso a esa información a unos pocos elegidos (¿Quién no recuerda esas interminables sesiones de fotos a la vuelta de un viaje? Y lo que hemos ganado ahora que podemos fingir que las hemos visto todas, y sin tener que poner cara de asombro o envidia, en Flickr, en Picasa, o en el propio Facebook…)

Pienso que estamos todavía creando normas sociales que regulen cómo nos manejamos en este nuevo espacio. Por ejemplo, hay quien afirma que los jóvenes no valoran la privacidad, que están encantados de exponerse continuamente ante sus “amigos” (ni siquiera sé si tenemos claro qué significa realmente esta palabra ahora), de aparecer en las cientos de fotos que hacen, ellos o sus amigos, con sus smartphones. No he estudiado los datos que existen al respecto, pero dudo que la cosa sea tan así: estoy seguro de que en esta nueva forma de interacción social, como en todas las que vinieron antes o conviven con ella, hay mucho de relación de poder, de necesidad de aceptación, de pertenencia al grupo… No dudo que las reglas hayan cambiado, lo que no me creo es que no existan reglas. (Para entender mejor los matices de estos asuntos, en particular en relación con los jóvenes, es muy recomendable leer a danah boyd, investigadora sobre redes sociales en Microsoft. Por ejemplo, esta charla que dio hace unos meses: “Making Sense of Privacy and Publicity“.)

Otra opinión muy extendida es la de que es inevitable que cedamos parte de nuestra privacidad a las empresas que gestionan los espacios en los que nos comunicamos.

A este supuesto es al que se enfrenta Doc Searls, a quien ya he mencionado aquí más de una vez, en un post titulado Do we have to trade-off privacy? que me parece revelador de la situación de nuestra privacidad online. Searls nos recuerda que nosotros, nuestros datos, somos el producto que las redes sociales ofrecen a sus clientes, los anunciantes. Y sigue:

The issue here isn’t how much our privacy is worth to the advertising mills of the world, or to intermediaries like FourSquare. It’s how we maintain and control our privacy, which is essentially priceless—even if millions of us give it away for trinkets or less. Privacy is deeply tied with who we are as human beings in the world. To be fully human is to be in control of one’s self, including the spaces we occupy.

[Lo importante aquí no es cuánto vale nuestra privacidad para los anunciantes, o para intermediarios como Foursquare. Es cómo preservamos y controlamos nuestra privacidad, que básicamente no tiene precio aunque millones de nosotros la regale a cambio de minucias. La privacidad guarda una estrecha relación con quiénes somos como seres humanos en el mundo. Ser completamente humano es tener control sobre uno mismo, incluyendo los espacios que ocupamos.]

Searls da por supuesto algo que una interesantísima serie de publicaciones del Wall Street Journal sobre privacidad online titulada “What They Know” ha puesto claramente de manifiesto en los últimos meses: en la práctica, muchos de quienes intervienen en el negocio de la publicidad online ignoran o violan sistemáticamente la privacidad de los usuarios. Y explica el motivo estructural:

Individuals have no independent status on the Web. Instead we have dependent status. Our relationships (and we have many) are all defined by the entities with which we choose to relate via the Web. All those dependencies are silo’d in the systems of sellers, schools, churches, government agencies, social media, associations, whatever. […] You have to deal with all of them separately, on their terms, and in their spaces. Those spaces are not your spaces. […]

What I’m saying here is that, on the Web, we do all our privacy-trading in contexts that are not out in the open marketplace, much less in our own private spaces […]. They’re all in closed private spaces owned by the other party—where none of the rules, none of the terms of engagement, are yours. In other words, these places can’t be private, in the sense that you control them. You don’t. And in nearly all cases (at least here in the U.S.), your “agreements” with these silos are contracts of adhesion that you can’t break or change, but the other party can—and often does.

These contexts have been so normative, for so long, that we can hardly imagine anything else, even though we have that “else” out here in the physical world. We live and sleep and travel and get along in the physical world with a well-developed understanding of what’s mine, what’s yours, what’s ours, and what’s none of those. That’s because we have an equally well-developed understanding of bounded spaces. These differ by culture. In her wonderful book French or Foe, Polly Platt writes about how French proxemics—comfortable distances from others—are smaller than those of Americans. The French feel more comfortable getting close, and bump into each other more in streets, while Americans tend to want more personal space, and spread out far more when they sit. Whether she’s right about that or not, we actually have personal spaces on Earth. We don’t on the Web, and in Web’d spaces provided by others. […]

So one reason that privacy trading is so normative is that dependency requires it. We have to trade it, if that’s what the sites we use want, regardless of how they use whatever we trade away.

The only way we can get past this problem (and it is a very real one) is to create personal spaces on the Web. Ones that we own and control. Ones where we set the terms of engagement. Ones where we decide what’s private and what’s not.

[Los individuos no tenemos un estado independiente en la Web. En su lugar, tenemos un estado dependiente. Todas nuestras relaciones (y tenemos muchas) vienen definidas por las entidades con las que escogemos relacionarnos a través de la Web. Todas estas dependencias se guardan en los silos de los vendedores, escuelas, iglesias, agencias gubernamentales, redes sociales, asociaciones, etcétera. […] Tienes que tratar con ellos por separado, según sus condiciones y en sus espacios. Esos espacios no son los tuyos. […]

Lo que quiero decir es que, en la Web, cedemos nuestra privacidad en contextos que no están en un mercado abierto, menos aún en nuestros propios espacios […]. Están todos en espacios privados cerrados propiedad de la otra parte —donde ninguna de las reglas, ninguno de los compromisos, son tuyos. Dicho de otro modo, esos lugares no pueden ser privados, en el sentido de que tú los controlas. No es así. Y en casi todos los casos (al menos aquí en EEUU), tus “acuerdos” con esos silos son contratos de adhesión que tú no puedes romper o cambiar, pero la otra parte sí —y con frecuencia lo hace.

Estos contextos han sido tan habituales, durante tanto tiempo, que nos cuesta imaginarnos otra cosa, aunque esa “otra cosa” la tenemos en el mundo físico. Vivimos y dormimos y viajamos y nos tratamos en el mundo físico con un acuerdo bien asentado de lo que es mío, lo que es tuyo, lo que es nuestro y lo que no es nada de eso. Es así porque tenemos un acuerdo igualmente bien fundado de qué se entiende por espacios acotados. Hay diferencias culturales. En su maravilloso libro French or Foe, Polly Platt escribe sobre cómo la proxémica de los franceses—la distancia entre unos y otros a la que están cómodos— es menor que para los estadounidenses. Los franceses están más cómodos acercándose, y se chocan más unos con otros en la calle, mientras que los estadounidenses tienden a querer más espacio personal, y se separan más entre sí cuando se sientan. Tenga razón o no, lo cierto es que tenemos espacios personales en la Tierra. No así en la Web, ni en los espacios Web que otros nos proporcionan. […]

Así pues, una de las razones por las que esta concesión es tan habitual es que la dependencia lo hace necesario. Tenemos que comerciar (con nuestra privacidad), si eso es lo que los sitios web quieren, independientemente de cómo utilicen lo que les demos.

La única forma de superar este problema (que es muy real) es crear espacios personales en la Web. Espacios que nosotros poseamos y controlemos. Espacios donde nosotros dictemos las condiciones. Espacios donde nosotros decidamos qué es privado y qué no.]

Al pensar en privacidad en general, tendemos (al menos, yo tiendo, supongo que por deformación profesional) a situarnos en el lugar de las organizaciones que por el hecho de tratar datos personales tienen, de acuerdo con la legislación europea, una serie de obligaciones relacionadas con el manejo de los datos, y dedicamos el tiempo a buscar maneras para que dichas organizaciones mejoren su grado de respeto de este derecho fundamental de los individuos (Privacy by design, Privacy Enhancing Technologies…).

Lo que me sorprendió y me pareció tan interesante es que Searls parte desde el otro lado, desde el individuo. Él proviene del mundo de la publicidad (de hecho, es coautor del Cluetrain Manifesto, clásico de la publicidad online), y el trabajo que lidera, el Proyecto VRM (Vendor Relationship Management), del Berkman Center de la Universidad de Harvard, está orientado a la relación entre empresas y consumidores, aunque yo entiendo que se podría generalizar a otro tipo de organizaciones. De hecho, su nombre, VRM, juega con el de los actuales CRMs (Customer Relationship Management) de las empresas, es decir, de la oferta, que los VRMs vendrían a complementar desde el lado de los clientes, de la demanda.

El proyecto parte del convencimiento de que “los clientes libres son más valiosos que los cautivos —para ellos mismos,  para los vendedores y para el conjunto de la economía” y, para que sean libres:

1. Las relaciones han de ser voluntarias.
2. Los clientes deben establecer relaciones con los vendedores como actores independientes.
3. Los clientes deben ser los puntos de integración de sus propios datos.
4. Los clientes deben controlar los datos que generan y acumulan. Deben poder compartir los datos de forma selectiva y voluntaria, y controlar las condiciones de su uso.
5. Los clientes han de poder imponer sus propias condiciones de relación y de servicio.
6. Los clientes han de poder expresar sus exigencias e intenciones fuera del control de cualquier compañía.

Estos principios se traducen en los siguientes objetivos:

1. Proporcionar a los individuos herramientas para gestionar sus relaciones con las organizaciones. Estas herramientas son personales, esto es, pertenecen al individuo en el sentido de que están bajo su control. También pueden ser sociales, en el sentido de que pueden conectar con otros y permitir la creación y la acción de grupos. Pero deben ser personales antes.
2. Hacer que los individuos sean el centro de recopilación de sus propios datos, de manera que los historiales de transacciones, las historias clínicas, la información de los detalles de afiliación, los contratos de servicios y otras formas de datos personales no estén dispersos en multitud de silos separados.
3. Proporcionar a los individuos la capacidad para compartir datos de forma selectiva, sin revelar más información personal de la que el individuo permita.
4. Proporcionar a los individuos la capacidad de controlar cómo otros utilizan sus datos, y durante cuánto tiempo. A discreción del individuo, esto puede incluir acuerdo que exijan a terceros que borren los datos del individuo cuando la relación acaba.
5. Proporcionar a los individuos la capacidad de imponer sus propias condiciones de servicio, reduciendo o eliminando la necesidad de condiciones de servicio escritas por la organización que nadie lee pero todos tienen que “aceptar” de todos modos.
6. Proporcionar a los individuos los medios para expresar su demanda en el mercado abierto, fuera de cualquier silo de una organización, sin revelar ninguna información personal innecesaria.
7. Convertir a los individuos en plataformas para los negocios abriendo el mercado a muchos tipos de servicios de terceros que sirvan tanto a compradores como a vendedores.
8. Basar las herramientas de gestión de relaciones en estándares abiertos, APIs abiertas y código abierto. […]

Finaliza Searls su post diciendo:

“Once we have those, the need for privacy trade-offs won’t end. But they will begin to make the same kind of down-to-Earth sense they do in the physical world. And that will be a huge leap forward.”

[Una vez que tengamos (estas herramientas), no cesará la necesidad de hacer concesiones con la privacidad. Pero empezará a tener el mismo sentido práctico que en el mundo físico. Y eso será un gran salto adelante.]

Ojalá tenga razón. Desde luego, creo que es un camino que merece la pena explorar.

Yochai Benkler, Dayna Kurtz y el futuro de los músicos

29 Sep

A finales de junio, como ya conté en su momento, Yochai Benkler, el conocido autor de The Wealth of Networks (La riqueza de las redes), pasó unos días en Madrid con ocasión de un seminario organizado alrededor de la iniciativa de traducción colaborativa de su libro al español.

En una de las primeras sesiones, Benkler, bajo el título Networks of Power. Degrees of Freedom (Redes de poder. Grados de libertad), presentó sus líneas de trabajo actuales, que giran alrededor de las distintas maneras en que se configuran las relaciones de poder en la sociedad en red. (El vídeo de la presentación se puede ver en la web de Medialab-Prado. Aprovechando que el vídeo se publicó bajo licencia CC-BY-SA, lo que permite la creación de obras derivadas, decidí dedicarme a subtitularlo, con la idea de hacerlo primero en inglés y luego en español. De momento, sólo he llegado a subtitular algo más del 40% del vídeo, que se puede ver en dotSUB.)

Entre otras cosas, habló de algo que a mí me interesa particularmente: las nuevas posibilidades que Internet ofrece a los músicos para poder ganarse la vida al margen de la industria discográfica.

Como explica Benkler en la introducción de su paper Everything in its right place: Social Cooperation and Artist Compensation“, escrito junto a Leah Belsky, Byron Kahr, Max Berkelhammer, de publicación prevista para este otoño en la Michigan Telecommunications and Technology Law Review (en algún lugar encontré el pdf de una versión que probablemente no sea la definitiva):

Ganarse la vida como músico nunca ha sido más complicado. El eclipse casi total del entorno de los medios por parte de Internet, junto con los progresos de las tecnologías de grabación, han reducido drásticamente el coste de grabar y distribuir música. Como consecuencia, más músicos que nunca tienen la posibilidad de cumplir sus sueños sin depender del papel de filtrado de la industria musical tradicional. Entretanto, las principales compañías discográficas continúan su largo declive, entre descensos en las ventas de CDs y un éxito sólo modesto de los modelos alternativos. Los fans musicales están cada vez más acostumbrados a consumir música sin pagar por ella; ya sea mediante streaming, a través de redes de intercambio de ficheros o copiándola de amigos. En resumen, las antiguas estructuras de compensación a los artistas están derrumbándose justo en el momento en que se abren nuevas posibilidades para la producción y la distribución.

A continuación, en su charla Benkler mencionó ejemplos de modelos alternativos con un alto componente colaborativo, como es el caso de Magnatune, un sitio web que se define como “sello discográfico independiente”, creado en 2003 con el objetivo de tratar de una forma justa tanto a los músicos como a sus clientes, y cuyo lema es “We are not evil” (“No somos malvados”), supongo que parafraseando el conocidísmo motto de Google, “Don’t be evil” (“No seas malvado”).

Magnatune firma acuerdos no exclusivos con los artistas, a los que les da el 50 por ciento de lo que obtenga de las ventas online y del cobro por licencias (para el uso comercial de la música en anuncios, películas…), un reparto más beneficioso para los artistas que el que ofrecen las discográficas tradicionales. A cambio, publica su música bajo licencia Creative Commons By-NC-SA, en varios formatos (WAV, FLAC, MP3, Ogg Vorbis y AAC) y sin restricciones técnicas que dificulten la copia (es decir, libres de DRM). La música se puede escuchar gratis en streaming, pero para descargarla hay que suscribirse por una tarifa plana mensual de 15 dólares que les permitirá descargar toda la música que deseen. (Hasta marzo de este año, los clientes podían comprar álbumes individuales, eligiendo el precio que preferían pagar, entre 5 y 24 dólares, con un precio recomendado por Magnatune de 8 dólares por disco.)

Otro de los ejemplos de Benkler fue el del músico Jonathan Coulton, que se presenta así en su web:

En 2005 dejé mi trabajo como programador para dedicarme a la música a tiempo completo. Para mantenerme ocupado, publicaba una canción nueva a la semana durante un año en este sitio web en un proyecto llamado Thing a Week. Varias de esas canciones se convirtieron en grandes éxitos en Internet (mi versión folky del “Baby Got Back“ de Sir Mix-a-Lot, un vídeo cachondo titulado “Flickr“, una canción llamada “Code Monkey“), y ahora tengo la suerte de poder ganarme la vida como músico.

Escribo sobre cosas geeky porque soy un geek. Algunas son divertidas, pero muchas no lo son tanto, y la mayoría están entremedias. Me han comparado con They Might Be Giants, Barenaked Ladies, Loudon Wainwright III, y otros músicos que TE ENCANTAN.

Distribuyo mucha música gratis porque creo que me beneficia y me encanta que la gente use mi música para crear otras cosas – vídeos musicales, películas, remezclas, etc. Actualmente no tengo discográfica y me enorgullece decir que he contruido este sitio entero prácticamente por mí mismo (con mucha ayuda de un grupo alucinante de seguidores). Pero lo cierto es que está haciéndose conocido…. Probablemente me venda y me vaya a Hollywood cualquier día de estos…

Coulton publica su música bajo licencia Creative Commons By-NC, sin DRM, en mp3 y flac. En su web, además de escuchar su música en streaming y comprarla, se pueden ver las cosas que otra gente ha hecho basándose o inspirándose en sus canciones, como vídeos, relatos o fotografías. Un gran ejemplo es este vídeo de otro geek, Mike Spiff, programador en Adobe, inspirado por uno de los mayores éxitos de Coulton, Code Monkey (Mono programador):

En un guiño a sus seguidores, cuyas costumbres evidentemente conoce, Coulton les dice:

¿Ya lo robaste?

No pasa nada. Si quisieses donar algo de dinero, puedes hacerlo a través de Amazon o Paypal. O para algo más divertido, compra un robot, mono o plátano que aparecerán aquí con tu mensaje.

Me acordé de esto el otro día cuando, como hago cada cierto tiempo, consulté el sitio web de una de mis cantautoras favoritas, la neoyorquina Dayna Kurtz, a la que he visto ya varias veces en directo en Madrid y cuya música me emociona como pocas, para ver si volvía pronto por aquí o si tocaba en Nueva York a finales de octubre, cuando yo esté por allí :-P.

No hubo suerte, pero una vez en la página me llamó la atención este mensaje: “my kickstarter debut, and some hatemail from a fan and my response.” (mi debut en kickstarter, el “correo de odio” de un seguidor y mi respuesta). Así que pinché en “ver más” y me encontré con este vídeo:

En él, Dayna hace un llamamiento a sus seguidores para conseguir recaudar el dinero necesario para publicar en Estados Unidos uno de sus últimos discos, American Standard, que hasta ahora sólo había podido ver editado en Europa, donde tiene al parecer más éxito que en su país, sobre todo en España y, particularmente, en Holanda. Para ello, utiliza Kickstarter.com, una plataforma de crowdfunding para “financiar ideas creativas y proyectos ambiciosos” basada en un “método de todo o nada, en el que el dinero sólo cambia de manos si se alcanza el objetivo a recaudar”.

Comprobé con satisfacción que Dayna había conseguido incluso algo más de dinero del que necesitaba (¡hubo alguien que donó más de 1500 dólares! ¿sus padres? :-) y que el proyecto se dio por finalizado con éxito a principios de agosto.

Junto al vídeo, se puede leer el mail que le envió a Dayna un (ex) seguidor, español para más inri, poniéndola a parir por hacer esta petición. La invectiva del defraudado fan, despreciando la petición de Dayna a sus fans frente a causas mucho más dignas, como “África, Haití, Nepal”, no aporta demasiado, pero la respuesta de Dayna sí me parece interesante y hasta emocionante. Y creo que da que pensar:

querido david,

siento mucho decepcionarte.

esos 2 discos que compraste, mucha gente los compró también. más de 30.000. no son números de estrella del rock. pero pude, por primera vez en mi vida, salir del fondo de la clase media, pagué mis deudas. deseaba llegar a aportar lo mismo a la casa que mi marido. nos compramos una casa modesta y pagué mi parte de los recibos mensuales. mi tercer disco, que salió hace 4 años, vendió quizá la mitad. ninguna maravilla, pero me sirvió. pero ‘american standard’? in 6 meses he vendido 900 copias en europa. 900. si estuviese perdiendo público porque mi música se estuviese volviendo una mierda o aburrida, no soy tonta -me daría cuenta: por ejemplo, si hubiese tenido más críticas negativas o indiferentes que buenas, y si en cada gira viniese menos gente a mis conciertos -lo aceptaría y buscaría otra manera de ganarme la vida. pero las críticas en su mayoría han sido muy buenas. la gente sigue viniendo a mis conciertos. y luego está esto: un corto vistazo hoy a 4 sitios al azar de música pirata por bit torrent muestra que se han descargado más de 50.000 copias de este disco. gratis. en sólo 4 sitios. de cientos.

la mayoría de la gente no se da cuenta de que las giras no se pagan solas. salir de gira con una banda normalmente produce unas pequeñas pérdidas. el objetivo de la gira (además del mero placer, para quienes somos perros vagabundos) es vender discos. apenas consigo que mis discos suenen en las radios comerciales. las ventas de CDs y las descargas legales eran las únicas fuentes de ingresos reales y constantes que tuve en una carrera musical de 20 años.

no exijo nada a mis seguidores, pero si un número suficiente de ellos quiere que grabe discos y me dice, con cierto grado de pasión, que mi música significa algo para ellos y que quieren más -no veo nada de malo en pedirles, si pueden, que me ayuden. lo único de esta iniciativa que me produce algo de remordimiento es que me apuesto lo que sea a que la gran mayoría de la gente que dona es el tipo de seguidor que ya ha comprado mi música, legal y conscientemente. y me siento tan honrada y agradecida por este cariño y apoyo que no puedo expresarlo en palabras.

así que esto no es un juego, david, no me faltes al respeto. no es fácil pedir ayuda. cuesta admitir que la profesión y el oficio al que he dedicado mi vida ya no es igual y que no puedo dar por descontado que me permitirá pagar mis recibos. me equivoqué al pensar que tener un número suficiente de seguidores significaba que podría sacar un disco en europa, donde mi audiencia es mayor, y tras unos meses de gira y de vender cds, haber ganado lo suficiente como para sacarlo y salir de gira en estados unidos (donde la promoción es mucho más cara). y al final de todo, tras pagar todas las facturas, me quedaría a cero o, en un buen año, conseguiría ahorrar algo de dinero para el siguiente disco.

así fue durante la última década, hasta este disco. hasta que un número cada vez mayor de gente decidió que no pasaba nada por robar algo que me costó decenas de miles de dólares y cientos de horas de trabajo, tanto creativo y técnico, crear. quizá la gente pensó que como hay un par de países en el mundo (españa y holanda) donde mi nombre sale en las revistas y la gente paga dinero para verme tocar en clubes grandes y en teatros -que un poco de robo no me haría daño. se equivocan.

en cuanto a áfrica, haití, nepal, ¿dejas TÚ de ir al cine o a un concierto porque haití necesita más ese dinero? no me estoy comparando con una causa trágica, intento recaudar dinero de los seguidores que sienten una conexión con mi música, gente que siente que tiene un interés personal en que NO lo deje, porque a estas alturas eso es lo que está en juego.

y prefiero MUCHO antes sentirme humildemente en deuda con un grupo de gente maja que aprecia y respeta lo que hago que con una empresa multinacional que tan pronto vende lavavajillas como música.

que los músicos dependan de la generosidad de mecenas es algo muy antiguo. estoy en el mismo grupo de famosos vendidos como mozart y bach. no es algo nuevo por lo que quejarse. durante siglos, los artistas han luchado, buscándose la vidilla y, también, arrastrándose para llevar comida a sus mesas de forma que les permitiese tener el tiempo y la energía suficientes para crear algo que haga que sus vidas merezcan la pena, que les haga sentir una conexión con algo universal, algo que emociona a la gente.

siento que te arrepientas de haber comprado esos 2 discos cuando tenías tan poco dinero. eso supone unas 8 cervezas que podías haber bebido o unas 2 paellas que podías haber comido o dos películas que podías haber visto (¡con palomitas!), ¡menudo desperdicio! espero que al menos hayas disfrutado escuchándolos muchas, muchas veces antes de que yo te decepcionase al no superar tu examente de pureza artística y por tanto al hacerte sentir que gastaste mal tu dinero.

me gustaría que nombrases un músico que supera tu test de pureza -te aseguro que, o son de familia rica o tuvieron mucho éxito muy jóvenes o, lo más probable, se han vendido, o como tú lo expresas -han perdido su “dignidad”- de alguna forma de la que tú no te has enterado. compusieron y cantaron la musiquilla de un anuncio en japón. pidieron a su discográfica que ofreciese sus canciones más comerciales a una gran estrella del pop o del country. tocaron en una boda o en una reunión empresarial privada para un seguidor que resulta que es billonario y que les pagó muy muy bien. y le sonrieron al tío con el dinero. hicieron aquello por lo que les pagaban, cogieron ese gran cheque y pagaron sus facturas y besaron a su pareja y a sus niños al llegar a casa y con la conciencia despejada y habiéndose quitado un gran peso de encima comenzaron a trabajar en algo que acelere sus corazones con emoción y miedo y mucha mucha alegría.

yo, y cualquier artista que conozco, hago lo que sea para llegar ahí. he cantado para un par de anuncios de televisión (y ese trabajo también se está agotando, desde la recesión), he hecho trabajo de estudio pagado como cantante y guitarrista, he producido discos para otros músicos, y he rezado a cualquier dios que me escuche para que alguna estúpida gran estrella del pop haga una versión de ‘love gets in the way’ y sea un gran éxito y me proporcione el jodido dinero suficiente para que yo pueda simplemente escribir, grabar y tocar la música que tengo en mi cabeza durante el resto de mi vida.

sé que nadie me debe esta vida que adoro, que me siento absolutamente afortunada de haber tenido incluso si se está acabando, la de ser una artista que graba y sale de gira a tiempo completo, pero ésa es la única vida por la que SÉ, desde el día en que escribí mi primera canción, que estoy dispuesta a pelear. todos los días.

le deseo una vida así a todo el mundo. a ti también.

atentamente,

dayna kurtz

ps: es evidente que ya no te gusta mi música, manchada como está. pero si hay otra música que te gusta, por favor, cómplara, o la matarás.

Termino con el vídeo de Love gets in the way, su mayor éxito, por muy humilde que haya sido. Y una verdadera maravilla de canción. Quién sabe, quizá alguno de los lectores de este blog es esa estrella del pop a la que se refiere Dayna… ;-)

…so come on and make a mess of me
i won’t walk away
i’m ready as i’ll ever be
i won’t walk away…

Creative Commons en acción

30 Jul

Ayer recibí un correo inesperado: me escribían de Schmap, una empresa estadounidense que al parecer publica guías de viaje online, para decirme que habían preseleccionado una de las fotos que he publicado en Flickr para que figurase en la próxima edición de su guía sobre Madrid.

Llegando a la Plaza de Oriente (grankabeza@flickr)

Llegando a la Plaza de Oriente (grankabeza@flickr, CC BY-NC-SA)

Haciendo uso de las posibilidades de Flickr, publiqué la foto bajo una licencia Creative Commons (CC), en concreto bajo Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual (conocida generalmente por sus siglas en inglés: BY-NC-SA).

El régimen de derechos de autor vigente establece por defecto que el autor de una obra ostenta en exclusiva todos los derechos, tanto morales como patrimoniales, sobre ella.

El propósito del elenco de licencias Creative Commons es facilitar que los autores otorguen de una forma clara y sencilla varios de esos derechos, favoreciendo así que su creatividad revierta en el “procomún“, el conjunto de obras a disposición del público para que se compartan, utilicen, reutilicen y remezclen libre y legalmente.

Todas las licencias Creative Commons garantizan el reconocimiento de la autoría de la obra y permiten que ésta se reproduzca y se redistribuya. Sin embargo, se diferencian en el tratamiento de los derechos  de tranformación y de explotación.

En particular, la que yo escogí:

  • Permite la creación de obras derivadas (no hace uso de la cláusula “Sin obras derivadas”)
  • Restringe el uso de la fotografía a fines no comerciales (cláusula “No comercial”)
  • Obliga a redistribuirla bajo los mismos términos de la licencia original (cláusula “Compartir igual”)

Unos días después de que tomase y publicase la foto, discutimos las licencias CC en clase del máster en Economía Digital e Industrias Creativas que estoy cursando en EOI, y los profesores nos hicieron ver los problemas que puede provocar la cláusula no comercial.

(Por cierto, la foto la tomé con la cámara del teléfono con sistema operativo Android que EOI nos proporcionó a cada uno de los alumnos del máster dentro de su programa de Mobile Learning. :-)

Por una parte, esta licencia, de hecho, al restringir los posibles usos de la obra, no se considera propiamente una licencia libre de acuerdo con Freedom Defined, el patrón de referencia.

Así, aunque se puede pensar que esta cláusula protege las obras contra ciertos usos oportunistas, como su reventa o explotación comercial por terceros, promueve otro tipo abuso, como es el de crear la impresión de que la obra es libre cuando en realidad no lo es.

Por otra parte, existe una cierta incertidumbre sobre qué es una actividad comercial. De hecho, es esta confusión la que llevó a la fundación Creative Commons a publicar el año pasado un extenso estudio (255 páginas) tratando de aclarar el asunto.

En este sentido, el correo que recibí ayer me remitía a una página web donde se me indicaba que:

While we offer no payment for publication, many photographers are pleased to submit their photos, as Schmap Guides give their work recognition and wide exposure, and are free of charge to readers. Photos are published at the maximum width of 150 pixels, are clearly attributed, and link to high resolution originals at Flickr.

The creative commons that you’ve assigned your photo(s) provides for non-commercial use. Our Schmap Guides, though free to users, are ad supported: if you would like your short listed-photo(s) to continue to our Madrid Guide final selection phase, please therefore read out ‘Terms of Submission’ and press the ‘Submit’ button […]

[Aunque no ofrecemos remuneración por la publicación, a muchos fotógrafos les agrada aportar sus fotos, ya que las guías Schmap proporcionan reconocimiento a amplia visibilidad a su trabajo, y son gratis para los lectores. Las fotos se publican con una anchura máxima de 150 píxeles, con reconocimiento claro, y un enlace a los originales de alta resolución en Flickr.

La licencia Creative Commons que has impuesto a tu foto permite el uso no comercial. Nuestras guías Schmap, aunque gratis para los usuarios, se financian con publicidad: si quieres que tu foto preseleccionada pase a la fase final de selección para la guía de Madrid, por favor leer los ‘Términos de entrega’ y pulsa en botón de ‘Entrega’ […]]

Reconozco que me ha hecho ilusión recibir el correo y, tras leer los términos (que copio abajo), que no me parecen abusivos, he decidido aceptarlos: cambio posible visibilidad de una foto que, en realidad, puse en Flickr simplemente para enlazar a ella desde otro blog, por ciertos derechos sobre ella.

En fin, a ver si la acaban publicando, ¿no? :-P

Además, he aprovechado la ocasión para actualizar la licencia por defecto bajo la que publico las (bien pocas) fotos que pongo en Flickr, eliminando la cláusula no comercial.

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Copio a continuación lo esencial de estos términos de entrega:

2. LICENSE GRANT
Subject to the terms and conditions herein, You hereby grant Schmap a worldwide, royalty-free, non-exclusive, perpetual license to include the Photos in the current and/or subsequent releases of Schmap’s destination/local guides.

3. FAIR USE RIGHTS
Nothing in these Terms is intended to reduce, limit, or restrict any rights arising from fair use, first sale or other limitations on the exclusive rights of the copyright owner under copyright law or other applicable laws.

4. LIMITATIONS
The license granted in Section 2 above is made subject to and limited by the following express limitations:

(a) Schmap may only distribute, publicly display, publicly perform, and/or publicly perform the Photos pursuant to the Terms.

(b) Schmap shall be required to keep intact all copyright notices for the Photos and provide, reasonable to the medium or means of utilization, the name of the original author (or pseudonym, if applicable) if supplied, for attribution in Licensor’s copyright notice, terms of service or by other reasonable means, and a credit (implemented in any reasonable manner) identifying the use of the Photos in any derivative Photos created by Schmap.

(c) Schmap shall, to the extent reasonably practicable, provide Internet link(s) to your Photos.

(d) Schmap shall not sublicense the Photos.

(e) Schmap shall indicate to the public that the Photos are licensable to others under the Creative Commons license that you have assigned to the Photos prior to Schmap’s initial short-listing of your Photos, and provide a link to this license, where reasonably practical.

(f) Schmap shall continue to make its destination/local guides available at no cost to end users.

(g) Schmap shall display the Photos at a maximum width of 150 pixels.

5. RIGHTS
You confirm that You own or otherwise control all of the rights to the Photos and that use of the Photos by Schmap will not infringe or violate the rights of any third parties.

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