Octality

30 Sep

El pasado 16 de septiembre tuvo lugar en la sede de la EOI un nuevo seminario relacionado con nuestro máster, en esta ocasión bajo el título “Modelos de negocio de empresas de software libre“. Aunque no pude asistir presencialmente, he visto los vídeos de las presentaciones de Jorge Ferrer (de Liferay) y de Álvaro López Ortega (de Octality) en la mediateca de la web de la EOI.

Octality

Me han llamado la atención en particular las reflexiones de Álvaro sobre la dificultad de construir un modelo de negocio alrededor del software libre (en el caso de su empresa, Octality, principalmente en torno al servidor web de alto rendimiento Cherokee, que él mismo creó). La mayor complicación salta a la vista: el producto principal, al que se dedica la mayor parte del esfuerzo creador, es gratis, por lo que los ingresos se tienen que obtener por otras vías.

Álvaro destacó que, por mucha importancia que tenga que la gente en general sea consciente de la diferencia entre gratis y libre (cuya confusión proviene en gran medida de que en inglés se utiliza una misma palabra, free, para ambas), en la práctica uno no puede pretender organizar un modelo de negocio basado en software libre alrededor del propio código.

En sus palabras, se trata de serle útil a alguien que esté dispuesto a pagarte por resolverle un problema. El software contribuirá a la solución, pero no puede constituir toda la solución, o no tienes negocio.

Aquí introduce una interesante distinción que le escuchó una vez a Jonathan Schwartz, antiguo CEO de Sun Microsystems, que dice que el mundo está dividido en dos tipos de personas: las que nunca, bajo ninguna circunstancia, pagarían por el software que usan y las que necesitan pagar por su software y que, si lo obtienen gratis, no lo van a poder usar.

Las primeras pueden contribuir a crear para la empresa que desarrolle el software libre nombre de marca, relevancia, visibilidad, publicidad con bajo coste… pero no negocio.  Este, si es que es posible, se debe edificar alrededor del segundo tipo de personas. Esta división se corresponde muy aproximadamente con las aplicaciones de escritorio, creadas para un usuario final cada vez más acostumbrado a no pagar por las aplicaciones que instala en su ordenador (navegador, suite ofimática, cliente de correo…), y las aplicaciones empresariales, donde está extendida la idea de que no se puede confiar en software por el que no se paga y que en general están más que dispuestos a pagar por servicios de soporte ligados al producto. Por tanto, lo ideal para alguien que quiere vivir de un negocio relacionado con el software libre es servirse de la publicidad que pueda obtener de la difusión de su producto entre los usuarios de escritorio (desktop) para hacer caja con los clientes corporativos.

Otra de los puntos más interesantes de su charla es que puso de manifiesto la tensión que existe entre la necesidad de todo proyecto de software libre de propiciar la creación de una comunidad de usuarios/contribuyentes alrededor del código, con los beneficios que eso supone: mayor difusión del producto, gran cantidad y diversidad de probadores, posibilidad de sondear a los usuarios sobre posibles caminos de evolución, etc., y la capacidad de la empresa que desarrolla el software, en su mayor parte o en su totalidad, de decidir de forma autónoma el rumbo de su proyecto.

En el caso de Octality, por ejemplo, Álvaro insistió en que licencian su software bajo GPL versión 2 (no versión 3, ni siquiera “versión 2 o superior”), lo cual tiene consecuencias en particular para quienes pretender utilizarlo en sistemas empotrados, pues el carácter vírico de esta licencia copyleft “contaminaría” al resto del software con el que se vinculase. Aquí entra en juego una característica particular del proyecto de Octality, que no se da necesariamente en todos los proyectos libres, y es que la empresa es titular del copyright sobre la totalidad del código, lo que les permite publicarlo bajo una licencia dual, cobrando a quienes pretenden utilizarlo en sistemas empotrados a cambio de obtenerlo bajo una licencia restrictiva que no les obligue a hacer libres sus desarrollos. Es este privilegio que tiene Octality sobre el resto de los actores de la comunidad alrededor de sus productos, en el que se basa parte de su modelo de negocio, el que provoca la tensión, pues puede hacer que gente interesada en un principio en contribuir a la comunidad no lo haga al sentir que está trabajando gratis en beneficio de un tercero, Octality.

Es necesario encontrar un equilibro que satisfaga a todas las partes, de forma que quienes contribuyan al proyecto sientan que su opinión y sus necesidades se tienen en cuenta, al tiempo que la empresa consigue rentabilizar su inversión en el código que, además de constituir la base de su negocio, acaba revirtiendo en la propia comunidad.

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