Neutralidad de red VII. Argumentos en contra.

9 Sep

El otro día repasamos los argumentos de los defensores de la neutralidad de red; hoy veremos los de quienes se oponen a su regulación.

Entre éstos destacan los operadores de red, tanto cableada como inalámbrica (las telcos de las que ya hemos hablado), es decir, los principales dueños del backbone de Internet, como AT&T, Verizon o Comcast en los Estados Unidos, o Telefónica en España. También se oponen a la neutralidad ciertos ingenieros (cuya visión también comenté en esa misma entrada anterior).

Verizon, AT&T

Afirman que la neutralidad no sólo es innecesaria, pues los operadores no tienen incentivos para discriminar (una Internet “capada” restaría valor a sus servicios de acceso), sino que podría resultar perjudicial al impedir que los operadores de la red busquen nuevos modelos de negocio que podrían revertir en mejores servicios tanto a los usuarios finales como a los proveedores de aplicaciones y contenidos.

Sostienen que imponer la regulación de la neutralidad de red impedirá la inversión en la mejora del acceso a Internet y puede dificultar la innovación, algo que iría contra la creciente demanda de capacidad y velocidad por los usuarios.

También afirman que, aparte del caso de Madison River (en que esta compañía, que proporciona acceso a Internet en zonas rurales de Estados Unidos impidió en 2005 que sus usuarios accediesen a servicios de VoIP que competían con los que ella ofrecía), los perjuicios para los usuarios que los defensores de la neutralidad de red esgrimen son meramente hipotéticos y no hacen necesario un nuevo régimen regulatorio ex-ante, que bastaría con un tratamiento a posteriori, caso por caso.

Veamos sus argumentos en más detalle*:

1. No neutralidad histórica y actual de Internet

Afirman que Internet no es neutral ni lo ha sido nunca en realidad. Normalmente, aceptan que las características first-in-first-out y best-effort de los protocolos TCP/IP han sido muy importantes para el desarrollo de Internet. Señalan, sin embargo, que desde los primeros días de Internet los informáticos han reconocido que la congestión de datos puede afectar al rendimiento de la red y han buscado distintas maneras de afrontar este problema.

Indican que todos los routers deben tomar decisiones sobre la transmisión de datos y afirman que dichas decisiones tienen inevitablemente consecuencias que no tienen por qué ser estrictamente uniformes o neutrales. En concreto, hacen notar que las redes desde hace mucho tiempo emplean técnicas de enrutamiento “hot potato”, que traspasan cuanto antes a otras redes los datos cuyo destino no se encuentra en su propia red. Un objetivo principal de este tipo de enrutamiento es reducir la utilización de los recursos de red. Señalan que, durante periodos de congestión, los paquetes de datos pueden redirigirse a través de otros caminos o descartarse completamente y que los paquetes han de ser reenviados cuando hay errores de transmisión.

Afirman que el propio protocolo TCP/IP puede tener efectos distintos para diversos contenidos y aplicaciones. Por ejemplo, el contenido de páginas web estáticas, como texto y fotos, y aplicaciones como el correo electrónico, en general no son sensibles a la latencia. Por tanto, los usuarios acceden a ellas mediante TCP/IP son problemas apreciables, incluso durante periodos de congestión. Sin embargo, aplicaciones como el vídeo en streaming o la videoconferencia sí pueden ser sensibles a la latencia y al jitter. Por ello, quienes se oponen a la neutralidad de red afirman que, si bien los principios de first-in-first-out y best-effort pueden parecer neutrales en abstracto, su efecto práctico puede ser el de perjudicar ciertos contenidos y aplicaciones sensibles a la latencia y al jitter, porque no puede utilizarse la priorización para transmitir el flujo continuo y regular de datos que los usuarios esperan incluso durante periodos de congestión.

También hacen notar que los proveedores de contenido cada vez con más frecuencia están utilizando técnicas de caché local para copiar su contenido en múltiples servidores distribuidos por todo el mundo, y afirman que esta práctica sortea las características first-in-first-out y best-effort del protocolo TCP/IP.

Indican asimismo que los portales web, los buscadores y otros proveedores de contenido suelen ofrecer colocación preferencial a los anunciantes en función de su disposición para pagar.

En su opinión, todas estas prácticas constituyen ejemplos de no neutralidad ya existente.

2. Priorización, bloqueo y necesidades de gestión de la red

A menudo afirman que se debería permitir que los operadores restrinjan activamente o bloqueen datos que consideren perjudiciales para el rendimiento de sus redes (como el spam), haciendo referencia a informes que indican que un número relativamente pequeño de usuarios puede saturar los recursos de la red mediante el uso de aplicaciones que consumen mucho ancho de banda, como la compartición de ficheros por p2p y el vídeo en streaming. Avisan que la gestión de red, la priorización y otro tipo de compromisos de calidad de servicio son necesarios para evitar que Internet, o alguna de sus partes, se ralentice o directamente se colapse en una versión hi-tech de la “tragedia de los comunes”.

En su opinión, limitarse a ampliar la capacidad de la red es caro y puede no ser el método más rentable de gestión de la red, y es posible que aplicaciones futuras requieran aún mayores recursos que aplicaciones como BitTorrent hoy en día.

3. Eficiencias y beneficios de la priorización para los consumidores

Afirman que generar un mercado para la priorización y otras formas de calidad de servicio permite en muchos casos distribuir los escasos recursos de red de una forma más consecuente con las prioridades reales de los usuarios finales. También indican que priorizar los flujos de vídeo para telemedicina, por ejemplo, por delante del correo electrónico o los juegos en red para reducir la latencia y el jitter sería beneficioso para la sociedad.

Por tanto, sostienen que los operadores de red deberían poder priorizar la transmisión de ciertos datos o establecer compromisos de calidad de servicio por un precio, de la misma manera en que los consumidores pagan por el correo prioritario. Hay quien señala que muchos otros tipos de prioridad pagada, como los asientos de primera clase en los aviones, el pago por el transporte público o por usar el coche privado en función de la congestión, o la mejor colocación de anuncios, son muy habituales y en general se consideran beneficiosos para la sociedad.

Además, niegan que los datos no priorizados se vayan a ver relegados a un carril lento inaceptable y anticuado. Sostienen en cambio que el tráfico no priorizado continuará recibiendo un nivel aceptable de servicio básico que seguirá mejorando con los avances de los métodos de transmisión en general.

4. Nuevo contenido y aplicaciones y necesidad de “inteligencia” en la red

Afirman que nuevos tipos de servicios especializados y de contenido premium requieren gestión de la red “inteligente” tanto en los extremos como en el núcleo de Internet. Los principales ejemplos son VoIP, vídeo en streaming para películas y telemedicina, la descarga de grandes ficheros de vídeo, videojuegos interactivos y aplicaciones empresariales especializadas. En su opinión, las redes “tontas” basadas en los principios first-in-first-out y best-effort del protocolo TCP/IP original están quedando obsoletas para ciertos contenidos y aplicaciones. Sostienen que muchas de estas aplicaciones novedosas son sensibles a diferentes niveles de velocidad, latencia, jitter, simetría, gestión de ráfagas y capacidad. Por ejemplo, la teleconferencia necesita en general alta velocidad, baja latencia y simetría, mientras que las descargas de vídeo pueden necesitan sólo velocidad. En cambio, VoIP no requiere mucho ancho de banda, pero es sensible a la latencia y al jitter. Quienes se oponen a la neutralidad afirman, por tanto, que la inteligencia en la red será cada vez más necesaria para proporcionar el entorno de transmisión óptimo para cada uno de estos nuevos tipos de contenido y aplicaciones, y que tanto los proveedores de contenido y aplicaciones como otros usuarios finales deberían tener la posibilidad de pagar por los servicios adecuados a sus necesidades particulares.

5. Innovación y competencia en la red

Defienden que los operadores de red deber poder innovar libremente y diferenciar sus redes como una forma de competencia que conducirá a mejores ofertas de servicios para los proveedores de contenido y aplicaciones y otros usuarios finales.

Creen que los operadores deberían ser capaces de experimentar con nuevos métodos de transmisión y diversos modelos de negocio para proporcionar mejor servicio a las demandas cambiantes de los usuarios finales. Se esos experimentos fracasan, los operadores aprenderán de sus errores y mejorarán sus ofertan o simplemente volverán al status quo, siguiendo la dinámica habitual de los procesos de mercado. En su opinión, prohibir la priorización restringiría en la práctica nuevos tipos de competencia, entorpecería la innovación, podría descartar bajadas de precio para los usuarios, dificultaría mejoras de eficiencia y fijaría un único modelo de negocio. Advierten de que, en un mercado aún reciente y en evolución como el de los servicios de banda ancha, obligar a un único modelo de negocio tendría probablemente consecuencias inesperadas y poco eficientes. También afirman que permitir que los proveedores de contenido y aplicaciones paguen por garantías de calidad de servicio y de priorización puede permitir que nuevos proveedores contrarresten las ventajas competitivas de que disfrutan normalmente los proveedores ya establecidos (incumbents), como la capacidad de pagar por grandes granjas de servidores o servicios de caché de terceros.

6. Inversión en la red y posibles beneficios para los consumidores

Sostienen que prohibir que los operadores de red cobren precios distintos por el envío con prioridad u otros servicios especializados o de contenido premium dificultaría que recuperasen los costes de sus inversiones en infraestructura y, por tanto, reduciría los incentivos para invertir. Afirman que tanto los usuarios finales como los proveedores de contenido y aplicaciones deberían poder elegir cualquier nivel de servicio que ofrezcan los operadores de red en condiciones de mercado.

También hacen hincapié en que, aunque Internet empezó siendo una red de comunicaciones de investigación con financiación pública, su explosivo crecimiento desde mediados de los 90 se ha alimentado, principalmente, de inversiones privadas, con su consiguiente riesgo. Inciden en que las redes individuales y descentralizadas que componen Internet son en su mayoría propiedad de las compañías privadas que las operan y, en términos generales, son propiedad privada, aunque puedan estar sujetas a ciertas obligaciones legales, como las servidumbres de paso. Señalan que desplegar y mejorar las redes de banda ancha puede suponer miles de millones de dólares en costos iniciales, hundidos. Por ello, cualquier regulación que reduzca la capacidad de los operadores para recuperar sus inversiones también aumenta en la práctica su perfil de riegos para los inversores y, por tanto, hace que los mercados de capitales exigan un mayor retorno en sus préstamos. Sugieren que este incremento en el coste del capital a su vez reduciría la probabilidad de que proyectos ya en ejecución puedan terminarse a la escala planificada.

Además de reducir los incentivos para la inversión en redes en general, afirman que prohibir que los operadores ofrezcan servicios de envío priorizado de datos a los proveedores de contenido y aplicaciones impediría que los operadores de red recuperasen sus inversiones a partir de una base más amplia de clientes. En concreto, indican que se debería permitir a los operadores que experimenten con un modelo en que los proveedores de contenido y aplicaciones les pagan por la priorización y otros servicios premium de la misma manera que los comerciantes pagan por la colocación de anuncios en periódicos y otras publicaciones. Creen que un modelo de negocio de este tipo reduciría los precios para ciertos usuarios finales, igual que la publicidad subvenciona el precio de las suscripciones de las publicaciones con anuncios, permitiendo que clientes marginales se pudiesen permitir el servicio de banda ancha. Esta mayor penetración de la banda ancha, continúan, haría crecer la demanda de contenido y aplicaciones en general, beneficiando así a sus proveedores.

7. Economías de gama debidas a la integración vertical y a la oferta combinada

Sostienen que la integración vertical de los operadores de red en el contenido y las aplicaciones, junto con prácticas relacionadas de ofertas combinadas, puede producir economías de gama y reducciones de precio. Ponen de manifiesto la creciente convergencia de muchas áreas de las telecomunicaciones. Por ejemplo, tanto las compañías de cable como las de telecomunicaciones tradicionales cada vez más ofrecen ofertas combinadas triples y cuádruples de datos de alta velocidad, telefonía, televisión y servicios inalámbricos. Además, afirman que la integración o la distribución vertical con otros tipos de contenido es ya habitual porque los consumidores no suelen querer únicamente distribución, sino que desean el contenido concreto que esa distribución permite obtener. Algunos indican que la posibilidad de flujos de ingresos adicionales provenientes de la integración vertical y la combinación de servicios puede promover la competencia en los servicios de acceso de banda ancha y proporcionar otras ventajas a los usuarios finales.

8. Insuficientes pruebas de perjuicio para justificar nueva regulación

Afirman que no hay pruebas suficientes de perjuicio que justifiquen un nuevo régimen regulatorio ex-ante, sobre todo cuando, en su opinión, la competencia en los servicios de banda ancha es cada vez mayor, debido en gran medida a la desregulación. Insisten en que, aparte del caso de Madison River, que fue resuelto rápidamente por la FCC (Federal Communications Commission), los perjuicios que los defensores de la neutralidad de red prevén son meramente hipotéticos y, por tanto, no hacen necesarias nuevas reglas. También hacen referencia a los afirmaciones públicas de distintos operadores de red de que no bloquearán o degradarán la utilización de sus servicios por parte de los usuarios finales. Sostienen que los operadores no tienen suficiente poder sobre la distribución de contenido y aplicaciones y que, de hecho, si llevasen a cabo ese tipo de prácticas perderían clientes. Más aún, dudan incluso de que fuese rentable para los operadores de red buscar y bloquear tipos específicos de contenido y aplicaciones en el contexto de una Internet en continua expansión, teniendo en cuenta que los usuarios finales disponen de cada vez más servidores proxy y técnicas de encriptación para hacer frente a ese bloqueo. En la misma línea, algunos sugieren que si se detectase ese tipo de prácticas, los usuarios podrían hacerlo público rápidamente y “avergonzar” al operador de red correspondiente.

Por último, afirman que la regulación actual por parte de las agencias antimonopolio y la FCC es suficiente para enfrentarse a cualquier posible problema futuro que pueda resultar del uso de nuevos métodos de transmisión. En general, observan que cualquiera de esos problemas podrían resolverse “caso por caso”, sin necesidad de regulación ex-ante. Les preocupa que un régimen de este tipo pudiese ser manipulado para obtener resultados anticompetitivos o que pudiese tener consecuencias no deseadas.

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* La práctica totalidad de lo que sigue es traducción de parte del documento “Broadband Connectivity Competition Policy”, elaborado en 2007 por la Federal Trade Commission, el organismo encargado de velar por la competencia y defender a los consumidores en los mercados estadounidenses.


También en esta misma serie:

Neutralidad de red I. Introducción

Neutralidad de red II. Qué es Internet

Neutralidad de red III. Arquitectura de Internet

Neutralidad de red IV. La privatización del backbone de Internet

Neutralidad de red V. El debate

Neutralidad de red VI. Argumentos a favor

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